La lactancia erótica, una desconcertante (y común) práctica sexual

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El amamantamiento erótico de adultos aparece de manera más o menos disimulada 
en relatos desde la Edad Media (obra de Peter Paul Rubens - Wikimedia Commons)

 

Boris Leonardo Caro

En el barrio rojo de Kabukicho, en Tokio, usted puede beber una tasa de leche materna por 2.000 yenes (unos 20 dólares). Si desea tomar el líquido directamente del seno de la mujer, entonces le costará 5.000 yenes. Ese servicio, iniciado por el Bonyu Bar, ha ganado popularidad en esa zona de la capital nipona.

¡Excéntricos japoneses! Quizás exclame más de uno. Pero la lactancia con fines eróticos dista de ser una rareza del país asiático. Una década atrás la edición dominical del diario The Times reveló que en alrededor de un tercio de las parejas británicas los hombres habían sido amamantados por sus esposas. En otro reporte en 2014, el periódico confirmó que esa práctica se había extendido por la India, China y Europa.

¿Trastorno o simple fantasía?

La lactafilia o fetichismo de la leche era considerado una parafilia hasta la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (conocido como DSM-IV). Esta clasificación colocaba a la práctica en el mismo grupo de trastornos como el exhibicionismo, la pedofilia, el masoquismo y el sadismo.

Sin embargo, la última edición de ese libro de referencia en el mundo de la psiquiatría (DSM-5) advierte que los intereses sexuales atípicos no siempre conducen a comportamientos perturbadores. Para que eso ocurra, las personas deben sufrir angustia por su deseo (al margen de la eventual censura social), o tener una inclinación sexual que implique daños psicológicos o físicos de otra persona, o requiera la participación involuntaria de otros, incapaces de dar su consentimiento legal.

Entonces, si dos o más adultos acuerdan incluir el amamantamiento en sus relaciones, sean sexuales o solo afectivas, ¿deberían recibir tratamiento por un trastorno mental? Los especialistas que elaboraron el DSM-5 creen que no.

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El amamantamiento erótico trata de reproducir ciertas emociones de la lactancia infantil
 (Wikimedia Commons)

Un placentero tabú

Pero la lactancia erótica aún constituye un tabú. Sus practicantes y defensores ofrecen una jugosa lista de razones para convencernos de sus beneficios.

El blog Adult Nursing Relationship: a Journey (actualizado por última vez en 2013), explica que las mujeres en este tipo de relaciones intentan “revivir o, tal vez, experimentar por vez primera la inigualable paz interior y la profunda unión espiritual que ocurre durante la lactancia.”

La autora describe cómo la succión de los pezones durante la estimulación erótica previa desata un torrente de la hormona oxitocina en sangre, la cual provoca una intensa excitación en la mujer.  “La dicha que produce el amamantar, combinada con esas eróticas sensaciones, crean el estado más único y placentero de excitación sexual”, afirma. Además, ayudaría a prevenir el cáncer de mamas.

La lactancia como fetiche también se ha infiltrado en el universo de la pornografía. Una búsqueda en Internet del término “adult breastfeeding” nos conduce en primer lugar a sitios de videos pornográficos como Pornhub. Los aficionados al BDSM (una serie de prácticas sexuales que comprende el sadomasoquismo) también pueden integrar la leche materna en sus juegos de sumisión.

A pesar de su clasificación como interés sexual atípico y el testimonio de algunas parejas, la lactancia erótica todavía despierta recelos. ¿Por qué un hombre adulto necesitaría la leche materna? ¿Ese gesto no deja al desnudo una falla en su virilidad? ¿Cómo conciliar el carácter maternal del amamantamiento con una relación sexual? ¿De ese vínculo insólito no fluye un interés incestuoso?

Quizás en esta, como en otras polémicas que emergen de una habitación donde dos adultos conscientes deciden ejercer su derecho a una sexualidad libre, deberíamos responder a tanto cuestionamiento: ¿a quién le importa?