La doble moral del Papa Francisco: buenas palabras, pero pocos hechos con los homosexuales

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Javier Taeño

El último ejemplo es el que tiene que ver con los homosexuales, pero los temas con los que el Papa Francisco ha querido cambiar la postura de la Iglesia católica, al menos de palabra, han sido variado: sobre las parejas de hecho, sobre el aborto, sobre los divorciados…

El principal problema es que todas esas declaraciones, que han causado un hondo impacto social por ser rompedoras respecto a la tradición anterior, todavía no han tenido apenas reflejo real.

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El Papa Francisco (Reuters).

La Iglesia es consciente, cada vez con más firmeza, que la institución necesitamodernizarse y adaptarse a los nuevos tiempos, especialmente en lo que se refiere a los temas sociales. Una realidad social, muy presente ya en muchos países católicos, son las uniones homosexuales. 

En la mayoría de los estados de Europa y Estados Unidos ya existen este tipo de uniones que complementan al matrimonio tradicional heterosexual. Por eso, el pontífice siempre se ha referido a la comunidad gay con respeto y buenas palabras.

El último ejemplo ha sido hace escasos días cuando ha afirmado que la Iglesia deberíadisculparse con ellos por haberlos “marginado”.

“Creo que la Iglesia no solo debe pedir disculpas a una persona homosexual a la que ofendió sino que hay que pedir perdón a los pobres, a las mujeres que han sido explotadas, a los niños obligados a trabajar…”, manifestó tras su visita a Armenia.

Una palabras similares a las que ya había pronunciado en otros momentos de su papado, como por ejemplo en 2013 cuando dijo que “si alguien es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?”

¿Significa esto que la Iglesia ha abierto la mano con los homosexuales y que es posible que acabe aceptando a corto plazo las uniones del mismo sexo?

Rotundamente no. De hecho hace escasos meses Francisco aseguró que “no hay fundamento para el matrimonio homosexual”.

En Amoris Laetitia, las reflexiones del Santo Padre sobre los sínodos de 2014 y 2015 sobre la familia, advierte que hay que tratarles con respeto, pero que sus uniones no se pueden equiparar bajo ningún concepto al matrimonio tradicional.

Amoris Laetitia.

Hace unas semanas, tras la aprobación en Italia del matrimonio homosexual, rechazó que los funcionarios católicos oficien este tipo de ceremonias. Es decir, mientras que con Francisco la Iglesia se muestra más tolerante de cara a otro tipo de opciones, lo cierto es que esas palabras luego no tienen una aplicación efectiva.

Tal y como se comentaba al principio del artículo, ocurre lo mismo con otro tipo de temas controvertidos. Respecto al aborto, Francisco concedió a todos sus sacerdotes “la facultad de absolver el pecado del aborto a quienes se hayan arrepentido de corazón”, pero evidentemente la postura de la Iglesia siguió siendo la de rechazo.

Sí se ha abierto un poco la mano con los divorciados en Amoris Laetitia de los que dijo que “siguen formando parte de la Iglesia”, pidiendo al clero amplitud de miras y  misericordia, pero el mensaje final fue igual de contundente.

“De ninguna manera la Iglesia debe renunciar al ideal pleno del matrimonio que se realiza en la unión de un varón y una mujer que se donan recíprocamente un amor exclusivo hasta la muerte”.

En definitiva, una política de puertas abiertas y mano tendida cuya aplicación práctica revela que en realidad las puertas están entornadas y la mano duda qué camino seguir.

Javier Taeño (@javiertaeno)