El Derecho a Morir

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by Daniel Ulibarri


El nacimiento y la muerte son dos momentos cruciales para toda persona.

El primero marca el comienzo de la vida, y no hay aspiración más común entre las personas que una vida digna, lo que deseamos tanto para nosotros como para nuestros seres queridos.

Pero difícilmente podemos considerar que una vida sea digna si no tenemos la posibilidad de morir con dignidad.

Sería deseable que los exquisitos cuidados, aquellos que tenemos en el nacimiento, los recibiéramos también en el final de nuestra existencia.


En los momentos últimos de la vida debe garantizarse el derecho a morir con dignidad, sin dolor, en un ambiente de privacidad, respetando los valores, la voluntad y la autonomía de cada persona.

El miedo al sufrimiento, a la falta de intimidad o el anhelo de estar acompañado por las personas queridas son preocupaciones compartidas por buena parte de las personas que puedan leer estas líneas.

En todo el mundo existen múltiples asociaciones, instituciones, organizaciones y profesionales sanitarios que abordan este tema, que transmiten nítidamente la necesidad de que afrontemos el debate sobre cómo atender a las personas al final de la vida.


En la Unión Europea, este debate se lleva desarrollando durante más de una década. En el 2001 el camino se inició con la ley holandesa, o la ley belga de 2002.

El último país que ha tomado la decisión de legislar sobre el final de la vida ha sido Alemania en 2015.

Estoy convencido de que la sociedad costarricense no está lo suficientemente madura para, desde una posición abierta y respetuosa, hacer una profunda y serena reflexión sobre el derecho a morir dignamente, que culmine en una legislación que regule la atención médica al final de la vida.


Nunca seremos los primeros en emprender esta tarea en América Latina.

Pero ha llegado el momento de iniciar un debate en el que tengan cabida el mayor número de voces de toda la sociedad y que vaya más allá del ámbito de lo estrictamente sanitario.

Ha llegado el momento de que afrontemos esta reflexión en nuestra sociedad.


No hablo de eutanasia ni de suicidio asistido. En Costa Rica ninguno está tipificado en la legislación penal.

Únicamente el artículo 116 del Código Penal califica como delito lo que llama ‘Homicidio por piedad’.

Teniendo en cuenta que se trata de Derecho Penal, sería necesaria una ley especial para un cambio de regulación o despenalización de estos supuestos.


De lo que estoy hablando es, en el ámbito de nuestras competencias, de la oportunidad de avanzar en la atención paliativa, porque la vida debe medirse por su calidad hasta el último momento.

El fin a alcanzar sería proteger la dignidad de la persona en el proceso de su muerte.

Asegurar la autonomía de los pacientes y el respeto a su voluntad. Y garantizar la equidad en el acceso a la muerte digna.

Aspiro a una regulación que ampare jurídicamente al personal sanitario y garantice los últimos cuidados como derecho de ciudadanía en el seno de nuestro sistema de salud.


El reto que tenemos por delante como sociedad es dejar atrás tabúes y llegar a acuerdos para acercarnos a la muerte con la mayor normalidad, como parte esencial de la vida digna que todos deseamos.

Con el propósito de propiciar el mayor alivio de su sufrimiento físico, psíquico y moral.

Morir dignamente es un derecho. O debería serlo.