La plancha en Tula sin importar quemar la confianza de la ciudadanía

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En una asamblea de cabildo en donde se exhibió la usanza de la vieja práctica priísta, para “mayoritear” las decisiones de peso que un ayuntamiento tiene que tomar, valiéndose de que para autorizar bastan  las dos terceras partes de quienes integran la H. Asamblea, sin ningún candado fue autorizado el alcalde, Ismael Gadoth Tapia Benítez para firmar contratos de carácter administrativo con particulares e instituciones, durante los próximos 4 años.

Una sesión de cabildo extraordinaria, convocada en domingo, por los términos de tiempo a vencer, para la entrega de la iniciativa de la Ley de Ingresos para el Ejercicio 2017, la que se vio observada de manera presencial no solo por los medios de comunicación, sino por miembros de la ciudadanía y de organizaciones de la sociedad civil, que según su objetivo, es pugnar por la transparencia.

Un dictamen “ya planchado”, como dice la mayoría de la gente, en la que el argumento más fuerte de la síndico hacendaria, Jannet Arroyo,  “se han quedado muchos acuerdos sin firmar”; la munícipe que ha demostrado gran habilidad para evidenciar a sus compañeros de asamblea y de comisiones, porque no acuden a las mesas de trabajo, incluso las conversaciones telefónicas, que hasta imprime las capturas de pantalla, para  mostrarlas a la asamblea y sobre todo, que los medios de comunicación estén atentos de estos detalles, sin validar las justificaciones de sus compañeros, de no acudir por atender otras actividades propias del municipio.

Una síndico jurídico, Norma Román, que llegó por el PRD a ocupar ese espacio, pero que inmediatamente al tomar posesión, de nueva cuenta se sumó con su familia a apoyar la campaña de Margarita Zavala, dos años antes de la elección.  Que dijo que para ella no había más colores que las necesidades del municipio, pero que no objeta, ni discute ningún pronunciamiento, lo que la hace ver como una persona sumisa al presidente municipal y a los intereses del partido en el poder, situación que le permite a ella, contar en su equipo de asesores a familiares, olvidando que eso puede calificarse como nepotismo, así como el hecho de que también sus familiares sigan teniendo injerencia en los negocios de las diferentes fiestas que se realizan en, por y con gastos del municipio.

Regidores priístas y del  Partido Verde, que se concretan a repetir los argumentos que ya les instruyó la síndico hacendaria, para referir la importancia de darle el poder al presidente.

Regidores de oposición que se suman sin discusión alguna, sin validar por qué hicieron campaña en un partido distinto al oficial para que al final de cuentas, se “entreguen” sin defender a la ciudadanía que les dio la confianza, porque esperaban un cambio palpable en la forma de hacer política.

Otros regidores de oposición que están en contra de todo y a favor de nada, que permiten los exhiban como lo han hecho, al faltar a sus responsabilidades dentro de las comisiones y que se quedan callados cuando les dicen, “estuviste pero te saliste”, “no te presentaste y tengo la conversación de que te estuvimos esperando”.

Esos regidores que pedían que cada contrato se revisara uno por uno, para poder autorizar al alcalde, con sus faltas constantes tampoco garantizaban que en una convocatoria para firmar el acuerdo, acudieran o estuvieran conformes.

Argumentos de regidores que apoyaron pero no apoyaron.  Es decir, si validaron, pero con ciertos candados, para que fuera solo un año o seis meses en los que el alcalde tuviera el poder y si cumple con lealtad, con responsabilidad y con honestidad “con mucho gusto le volvemos a firmar”.  Firmaron, levantaron la mano y olvidaron la temporalidad.

Un grupo de trabajadores de la presidencia que estuvieron allí para apoyar a su ayuntamiento y en determinado momento, crear el clima de choque entre los ciudadanos que estuvieron presentes y conscientes de que durante la sesión no podían intervenir, pero exigiendo el derecho a ser atendidos por el alcalde al concluir, situación que se vio antes que atención, como una burla y más allá, que se evidenció el temor de dejarlo hablar con los ciudadanos. ¿Qué no se supone que la sesión extraordinaria era precisamente para beneficiar a los tulenses? ¿Por qué salir custodiado por los priístas y por los funcionarios? ¿Por qué no saludar y hablar con quién le pedía le diera atención?

Una autorización para que al alcalde signe convenios, contratos de naturaleza indistinta con particulares e instituciones públicas o privadas, durante cuatro años,  es una facultad que efectivamente tiene como presidente.

Pero fue una oportunidad que se les fue, para tranquilizar a la gente, de la que se hizo mucha referencia.   “Están dolidos, están lastimados, la historia de los últimos gobiernos no les ha dejado un buen sabor de boca”.

El alcalde con sus instrucciones a su personal iba muy bien, según la ciudadanía y algunos líderes de opinión. Creyeron que realmente haría las cosas distintas y escucharía a su cabildo, no solo a los de su partido, sino a todo, tal como lo comprometió desde el día que tomó posesión, escucharía los planteamientos y permitiría la libre expresión.

Sin embargo, en esta ocasión no tuvo ni siquiera qué participar exponiendo algún comentario. El trabajo ya estaba hecho.   No importó la presencia de ciudadanos que portaron pancartas en las que pedían que razonaran su voto, que no se  vendieran, no bastaron cuatro años para entender,  no al poder absoluto. El plan ya estaba pactado.  Autorizar en esa sesión,  la firma con todos o con la mayoría.  De nada valieron argumentos de nadie.

Hubo quien dijo del pueblo “soy priísta, pero me avergüenzan con sus decisiones.  No piensan, no analizan, solo hacen lo que han hecho siempre, levantar la mano aprobando todo. Y quizá no solo la levanten, también la estiren para recibir la recompensa por haber autorizado”.

La autorización está dada. Y no, no son los mismos que en la pasada administración. Tampoco es el mismo presidente, como lo dijera un regidor priísta.   Pero las acciones son las mismas. Para ellos allí al frente, es una forma natural de defender al pueblo. Volteando la tortilla a quienes confiaron en que actuarían diferente.

Y si el alcalde realmente quiere cambiar la percepción del pueblo que gobierna, tendrá que irse muy derechito, sin desviarse ni un poquito, informando como lo dijeron, cada dos meses de todo lo que se haya hecho durante 60 días, ya sea para contratar, para convenir, para endeudar, para la obra pública, para las instituciones, todo ello, ya sin tomar en cuenta a su cabildo.  Al fin y al cabo, ya le dieron la anuencia para repartir firmas a diestra y siniestra.

Que no se les olvide a todos ellos, que si se aprueba que no tengan el fuero ya como funcionarios, cualquier error, por mínimo que sea, puede costarles el cargo, penalizaciones legales, señalamientos más graves, pero quizá, lo peor que pudiera pasarles, es vivir la vergüenza de haber engañado y decepcionado a su pueblo, dicho esto esperando que no busquen caer en ese tipo de equivocaciones y que por el contrario, todos y cada uno, se conduzcan con rectitud en este flamante H. Ayuntamiento de Tula.