Contando y recordando

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Por Priscila Alvarado

“La amistad no es menos misteriosa que el amor o que cualquiera de las otras fases de esta confusión que es la vida”.- Jorge Luis Borges

 En 2011, la BBC publicó una entrevista con el investigador y profesor James Fowler de la Universidad de California en San Diego, en  la que se habla  de la hipótesis sobre la influencia de los genes en la elección de nuestros amigos. El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (Actas de la Academia Nacional de Ciencias, PNAS, por sus siglas en inglés), analizó los registros del Estudio Framingham del Corazón y el Estudio Nacional Longitudinal de Salud Adolescente.

El profesor Fowler asegura que los genes pueden explicar por qué a menudo, de forma instintiva, nos agrada o desagrada la gente que conocemos: “Creemos que entendiendo los genotipos que subyacen a la amistad nos ayudará a entender más sobre ese proceso”.

Gracias a estudios como este, es posible asegurar que la amistad existe de manera natural en los seres humanos; que la elección de nuestros amigos depende del contexto, la educación y los genes que nos forman y caracterizan como individuos.

Sin duda, para muchos el amor y la amistad están relacionados; cuando nos enfrentamos al inicio de una relación de amistad, pareja e incluso familia, de lo primero que hacemos es preguntarnos  qué nos une a la otra personaqué tipo de intereses mantenemos en conjuntoqué tipo de conquistas o metas queremos compartir y qué seríamos capaces de hacer por el otro. En El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, el Zorrito dice:: el arte de crear amigos se basa en el arte de domesticarnos”, un tipo de arte que tiene su lienzo en la creación de vínculos y respeto.

Llevando el concepto de amistad a un análisis personal, creo que cuento con amigos de todo tipo que, aunque aparentemente han cometido errores, son diferentes a mí y tienen una idea distinta de cómo ser un amigo. En ocasiones se usan los adjetivos de “bueno” y “malo” para calificar a las personas que nos rodean, pero creo que un amigo es bueno simplemente porque de alguna manera pasó por nuestra vida y dejó cariño, lágrimas, reflexiones y conocimientos.

Como ejemplo mencionaré a dos grandes amigos. El primero es Luis, un hombre extrovertido, cariñoso y complicado. Lo conocí cuando, saliendo de la preparatoria me dispuse a formar una banda callejera de música en el Centro Histórico de la Ciudad de México; él se integró como cantante.

Hace casi un año terminé una relación que me llevó a una ruina momentánea, Luis me apoyó a su manera, a pesar de vivir a más de  hora y media de mi casa, se trasladaba casi diario para hacerme compañía. Actualmente casi no lo veo, hablamos poco y hasta formó una banda en secreto, ocultándome la noticia. Para muchos, Luis sería un “traidor”, pero para mí siempre será la persona que me acompañó en esa etapa tan dolorosa de mi vida.

La segunda persona es Ivette, mujer cálida, alegre, introvertida y emprendedora. La conocí cuando estudiaba en Cruz Roja Naucalpan, Estado de México; éramos compañeras de aula y al poco tiempo amigas inseparables. Me apoyó en la misma relación que Luis, pero en el desarrollo. Me fui a vivir con Memo al poco tiempo de conocerlo, sin hacer caso de las advertencias de muchas personas que creyeron conveniente retener mi decisión.

 Ivette siempre fue prudente, jamás opinaba a menos de que se lo pidiera; por azares del destino me fui a vivir cerca de la colonia en donde ella vivía con sus hijos, y comencé a verla con más regularidad. Memo siempre negaba tener dinero y yo vivía encerrada en un pequeño y húmedo apartamento; a los pocos meses asumí casi todos los gastos de la casa, incluyendo el alquiler, el dinero ya no me alcanzaba y dejé de comer. Esto me hundió en una depresión, dormía todo el día, no comía y empecé a bajar drásticamente de peso.

Cuando Ivette se dio cuenta actuó inmediatamente, me hacía de comer, iba a visitarme con Polette y Enrique, sus hijos, me impulsaba para salir a caminar, al cine o cualquier lugar que eliminara momentáneamente la imagen oscura del colchón en el piso y la despensa vacía.

El día que terminé con Memo ella estuvo ahí. Actualmente casi no la veo, cuando tenemos tiempo nos reunimos a platicar; ocasionalmente hablamos por teléfono o nos mandamos mensajes en Whatsapp. Nuestra amistad es fuerte a pesar de la distancia y mi gratitud hacia ella es eterna.

         Estas dos historias reflejan que a pesar del abismo entre la amistad de Luis y de Ivette, ambos dejaron una marca imborrable en mis recuerdos. Los dos son personas importantes en mi formación y los héroes de algún momento clave en mi historia.

¿Será que los solitarios no fueron capaces de admirar las virtudes y grandezas de  otros? ¿Será que exigimos demasiado a otros, al punto de tener el descaro de calificar las acciones de alguien como correctas o incorrectas? O, simplemente, existen personas que genéticamente no están preparadas para transcurrir el mágico y complejo camino de la amistad.

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