Apuntes sobre el gasolinazo

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por Gabriel Páramo

 

La gente está muy cansada, muy enojada. Está harta de que cada vez el trabajo alcance para menos, que cada vez sea más difícil pensar en el futuro. La gente tiene miedo de que por más que se esfuerce, cada vez esté en una peor situación.

El aumento de precio de la gasolina hace que mucha gente se alce y sea capaz de llegar a las calles para que su voz se escuche. Sin embargo, hay algunos elementos que me parecen preocupantes en este movimiento.

¿Por qué la gente se indigna por el aumento de precios a la gasolina? Me parece escuchar, en la mayoría de los manifestantes, sobre todo en redes sociales, una queja por no poder mantener un nivel de vida, por no poder llenar el tanque para poder seguir una vida “normal”.

Muchas veces, esa vida normal quiere decir una vida individualista, narcisista y sin ningún contendido social. A fin de cuentas, no importa que el aumento de precios de la gasolina, lejos de ser una simple molestia, sea una muestra más de la incapacidad de un gobierno por servir a la población… incapacidad que no debería ser tan asombrosa, puesto que a un gobierno neoliberal, como el nuestro, en realidad poco le importa la gente.

Por ejemplo, pedir a la gente que no compre gasolina, que no use su auto en horas determinadas, muestra que quien lo promueve no rinde cuentas a ningún patrón o no utiliza su vehículo para algún trabajo productivo.

Otro peligro es el de los infiltrados, de grupos que se dedican a saquear y amedrentar gente para que el gobierno pueda, sin ningún problema, emplear la violencia para reprimir la sociedad, mantener a la gente en sus casas y, a fin de cuentas, endurecer más una situación que pronto será insostenible.