Banana Republic

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Por Gabriel Páramo

 

México es un país extraño. En medio de graves crisis en el gobierno, el presidente de la República dedica mucho tiempo a presentar en medios el lanzamiento del número 911, que unifica los servicios de urgencia de todo el país, y explica de manera simple que es lo mismo recordarlo como “novecientos once” o como “nueve, uno, uno”. También, confiesa que hizo llamadas falsas, “para probar si estaba en funcionamiento”.

¿Es importante esta unificación? Sí, pero no es necesario que el presidente del país sea quien encabece el proyecto, como si fuera el papá de todos los mexicanos y les estuviera regalando algo que sus hijitos necesitan. Vamos, hasta para los alumnos más obtusos de Teoría de la Comunicación esto podría identificarse como un distractor.

En el estado de Veracruz se acusa al exgobernador y prófugo de la justicia Javier Duarte, además de robo, de haber permitido quimioterapias y pruebas de sida falsas. Esto es grave, indignante, pero nos acostumbramos a que de alguna manera perversa sea “normal”. Creemos que ante la lluvia de abusos que padecemos no hay medida y nos indignamos un poco, mandamos algunos memes y seguimos con nuestra vida normal.

En algunas partes de la República la gente sigue protestando por el “gasolinazo” y otros síntomas de desgobierno, pero sus voces van quedando relegadas en los medios, que se preocupan por otras notas novedosas y diferentes, con la idea de que la gente se aburre de lo que no es actual.

México es un país extraño, que cada vez se aleja más del sueño de nación moderna en la que muchos crecimos y se parece más a lo que antes se definía como “República Bananera”. Es muy triste verlo y más triste aún permitir que ocurra.