Peña Nieto cancela su reunión con Trump

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La tensión entre Washington y México se dispara. La escalada amenaza con bloquear con la negociación del Tratado de Libre Comercio

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Encuentro entre el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado agosto.  EFE
Encuentro entre el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado agosto. EFE

Las hostilidades han dado comienzo. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha anunciado que suspende la reunión el martes con Donald Trump en Washington para negociar el Tratado de Libre Comercio. La decisión, que abre profunda crisis diplomática entre ambas naciones, llega después de que el mandatario estadounidense firmase el miércoles la orden de construir un muro en la frontera y de que hoy anunciase por Twitter que si México no estaba dispuesto a pagar, era mejor cancelar el encuentro. La humillación pública para Peña Nieto y su equipo fue de tal calibre que, pese a sus resistencias iniciales, decidieron suspender su viaje y adentrarse en territorio desconocido. Nunca en las últimas décadas la relación entre Estados Unidos y México había pasado por un momento tan crítico.

Esta mañana hemos informado a la Casa Blanca que no asistiré a la reunión de trabajo programada para el próximo martes con el @POTUS.

La bofetada de Trump a México ha sido histórica. En el aire han quedado ahora mismo la supervivencia del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, del que ya se ha dado de baja Canadá, y el futuro mismo de la relación bilateral de dos países que comparten más de 3.100 kilómetros de frontera e inmensos nexos demográficos, culturales y económicos. Para llegar a este punto, Trump se ha empleado a fondo y ha sacado sus peores modos. No sólo al inicio de su campaña a la presidencia, en que llamó violadores y asesinos a los inmigrantes, sino ya en la Casa Blanca escenificando con su vecino pobre un juego de dominio y poder muy alejado de cualquier negociación al uso.

El primer capítulo de este choque se escribió el martes cuando el secretario de Exteriores y hombre fuerte del Gobierno, Luis Videgaray, y el de Economía, Ildefonso Guajardo, llegaron a Washington para iniciar las conversaciones con el equipo estadounidense. Enviados por Peña Nieto bajo el lema negociador de “ni sumisión ni confrontación”, sobre ellos recaía el reto de revitalizar una relación moribunda.

of jobs and companies lost. If Mexico is unwilling to pay for the badly needed wall, then it would be better to cancel the upcoming meeting.

Pero su aterrizaje no pudo tener peor comienzo. La misma noche del martes, Trump anunció por Twitter su intención de firmar a la mañana siguiente la orden de construcción del muro. El golpe dejó en evidencia la escasa importancia que daba Washington a los intentos mexicanos para restablecer la confianza. Fiel a sus promesas, a la mañana siguiente Trump firmó los decretos para construir el muro e insistió en que “de una manera u otra” lo iba a pagar México.

La andanada resonó en México. Las voces de protesta empezaron a multiplicarse. Casi todos los partidos de oposición exigieron al presidente que no acudiera a Washington por dignidad. Solo el favorito en las encuestas, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, pidio apoyo para Peña Nieto. Pero no se trato sólo de un repudio politico. Intelectuales y artistas se lanzaron a la redes para expresar su indignación. “Es un insulto, México no puede vivir bajo esta amenaza permanente. Es inaceptable”, señaló a este periódico el excanciller Jorge Castañeda.

La diplomacia mexicana se vio rodeada. Al igual que ocurriera en agosto pasado, cuando Trump humilló a México con su visita relámpago a Peña Nieto, la historia volvía a repetirse. Trump había dado la espalda a su vecino justo cuando le tendía la mano. Las consecuencias del desaire, sin embargo, aún tardarían en verse. Videgaray y Guajardo, reunidos en la Casa Blanca, mantuvieron las conversaciones hasta la tarde. Y al salir, según fuentes cercanas, comunicaron el resultado a Los Pinos.

La noche del miércoles Peña Nieto vivió uno de los momentos más complejos de su presidencia. Ir a Washington significaba someterse a un humillación pública de sentarse con quien no dejaba de insultar a México; quedarse implicaba perder la posibilidad de negociar un tratado vital para un país que dirige el 80% de sus exportaciones a Estados Unidos. La solución que adoptó no contentó a nadie.

A través de un breve mensaje grabado en vídeo, el presidente mexicano se limitó a reprobar la construcción del muro, insistió en que de ningún modo México lo pagaría, pero mantuvo su agenda abierta. Para el equipo gubernamental, se trataba de evitar un fracaso histórico y, ante todo, demostrar, la buena voluntad de los mexicanos en un asunto crucial para su supervivencia económica. El intento fue vano. Este jueves por la mañana siguiente, Trump, a través de Twitter, volvió a las andadas y lanzó su amenaza a Peña Nieto.

El mensaje era tan nítido como salvaje: si no estaba dispuesto a pagar por el muro era mejor que no viniera a Washington. Con sus palabras, la segunda humillación en 24 horas, el viaje del presidente mexicano se tornó imposible. A media mañana, ante un país estupefacto y dolido, Peña Nieto anunció que desistía de la reunión de Trump. Quedaba abierta la puerta a una crisis cuyas consecuencias aún son difíciles de calibrar.

En el campo interno, el fracaso en el intento negociador de Peña Nieto y su valedor, Luis Videgaray, resucitado para la tarea, marca el punto más bajo de su mandato. Con una valoración en mínimos históricos, es difícil que pueda recuperarse. Dos veces ha caído ya ante Trump. Y en el terreno bilateral, la incógnita ha quedado abierta. Si no hay negociación, presumiblemente el tratado quede, después de 23 años de vigencia, enterrado. Para Estados Unidos será un golpe, pero para México supondrá un terremoto. Tendrá, que acogerse según los expertos, a las reglas arancelarias de la Organización Mundial del Comercio.