La doble moral…

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A lo largo de la historia la gente se ha encargado de formarse con diferentes máscaras para presentarse ante la demás gente.  Se tiene una para la esposa o esposo, que puede ser amorosa, “de genio”, gesto adusto, cansancio o hastío y hasta de “ya todo me vale”. Con los padres de “buenos hijos”, con los hijos de “buenos padres” y con los hermanos y lo más que se puede llegar es a que  se diga que se tiene una relación formal y de fraternidad con los hermanos.   Todo esto en el ámbito familiar.

Pero saliendo del entorno familiar empieza a mostrarse lo multifacético que se puede llegar a ser, con personalidades totalmente opuestas a como en el hogar se conoce.  Salen a relucir los conquistadores, las sexis, los “machos”, las abnegadas, los abusivos y los abusados, las liberales o las espantadas.  Hay una gama interminable de personalidad en cada ser humano.

Sin embargo, lo que nos ocupa ahora es la doble moral con la   que la mayoría de la gente se conduce.  Por un lado se proclama una vida llena de valores, de deseos de paz, de tranquilidad, se duelen de las desgracias ajenas, se solidarizan con las catástrofes, se suman a las manifestaciones en favor de la justicia, pero por otro lado, la bendita aparición de las redes sociales ha hecho que trasciendan otras máscaras, con un perfil totalmente ajeno a la persona que se es en realidad.

Muchos, tanto hombres como mujeres no les dicen a sus cónyuges que cuentan con un perfil en Facebook, en twitter, en Instagram, añadiendo que “no tienen tiempo para esas cosas”, pero en realidad, tienen una actividad basta en configurar una red de “amigos” virtuales con los que comparten mucha información que a veces es hasta privada, personal e íntima, a pesar de tener compañero sentimental.

Muchos otros, a la sombra del anonimato o de un perfil falso, crean grupos en los que buscan cosas fuertes, algo distinto a lo que viven en lo cotidiano.  Muchísimos son defensores a ultranza de los funcionarios públicos, otros, en el bando contrario por así llamarlo, quienes critican al sistema y van hasta la incitación a la violencia, acusaciones,  victimización y de repente los héroes salvadores de toda la barbarie que se comete en nombre de la “democracia” y gobierno.

Pero no es lo más grave. Lo grave es la forma en la que se está educando a los hijos, a quienes serán guías o “borregos” de  las generaciones venideras.

Enseñan a defenderse ofendiendo, instruyen valores desvalorizando a los demás,  les dicen que los aman demostrando que aman más a su teléfono, a su computadora, al trabajo o a las relaciones. ¿Cómo entonces no construir una sociedad desubicada y con doble moral?

Hablemos de las acciones también de las acciones judiciales. En estos últimos días por no decir meses, se han estado documentando situaciones con relación a la implementación de los juicios orales o llamado también nuevo sistema de justicia penal o sistema penal acusatorio.   Muchos se quejan de que la Comisión de los Derechos Humanos  se dedica a defender a quienes delinquen y otorgan libertad a pesar de que se tiene la certeza de que son ladrones, violadores, homicidas, de la delincuencia organizada. Los derechos humanos son para los delincuentes, no para las víctimas. Se asegura.

Pero es ahí en donde entra la doble moral. Efectivamente, en el sistema penal acusatorio todos son inocentes hasta demostrar culpabilidad. Contrario al anterior y obsoleto sistema judicial, en el que todos eran culpables hasta demostrar que sí lo eran. Se les llamaba “presunto culpable”.  En la actualidad, la Constitución Política no señala protección ni derechos para unos si y para otros no, si no para todos los mexicanos. Es decir,   que todos tenemos los mismos derechos, todos somos individuos con garantías que si llegan a ser violadas es entonces donde entra la aplicación del sistema judicial. Es decir, que si a alguien se le encuentra cometiendo un ilícito, para las autoridades judiciales es mucho más grande el trabajo, porque a pesar de encontrársele en flagrancia, están obligados a respetar esas garantías que como cualquier ciudadano tiene.

¿ Y en qué falla el ciudadano? Primero en la exaltación de coraje por  ser víctima, o testigo de un hecho que infringe la ley, luego por el excesivo  morbo al que están acostumbrados a vivir, con la exhibición de las personas desde el rostro, el nombre, la dirección de quien ha sido detenido.  Ahí se está violentando el derecho de la privacía de los datos personales. Este simple elemento es suficiente para que un juez determine que “se violaron los derechos del probable infractor”, no se llevó a cabo el “debido proceso”, porque se alteró el lugar de los hechos, porque se rompió la cadena de custodia, porque se filtraron fotografías, etc.  Ahí entra la doble moral. Porque el ciudadano común se erige como persona inmaculada y con derecho a convertirse en juez. Pero olvidan que el buen por su casa empieza.

doble_moralSe olvidan que en casa los hijos escuchan, observan, analizan, por ende ponen en práctica y se les hace común la crítica destructiva, la descomposición social  es parte del entorno cotidiano. Se crean jueces sin conocimientos más que la convicción de que porque los padres así los educan, juzgando, criminalizando, degradando a los demás, así tienen que ser ellos. Aparecen los linchadores, los revolucionarios, en el peor de los escenarios, los asesinos, que en su vida no escucharon ni vieron acciones de práctica de valores y principios familiares sólidos, sino como satélites los bombardeos de cosas negativas.

En la práctica habitual, me he encontrado casos  en los que alguien comete una infracción, ofrecemos para el refresco al agente de tránsito, al policía común, pero en ante la gente, cómo se califica a los policías, de “huevones, buenos para nada, rateros, extorsionadores, muertos de hambre, etc”. Llegado el momento, hasta  quieren linchar y criminalizan por  haber elegido esa profesión u oficio, que es como el de cualquiera de todos los demás.  Es una doble moral, porque  desde niños se escucha la denostación de “pinches policías, son unos puercos”, pero cuando saben que hay que buscar el apoyo o la protección cambian las palabras por “jefe, écheme la mano, deme la atención”. Y si no se las dan porque en verdad se violentó mucho la legalidad, entonces las ofensas se vuelven para todos los policías, para los mandos, para las autoridades. Todo en afán de querer siempre demostrar una “superioridad”, queriendo hacer saber al mundo entero que los policías no tienen derechos, no son ciudadanos, no son igual que los quienes critican, son inferiores, los ridiculizan.  ¿No es esa una doble moral? Los derechos solo son para unos, no para todos.

O los propios infractores de la ley, cuando son detenidos,  se encargan de amenazar a los policías, a los alcaldes, a los periodistas, exigiendo que “no se les exhiba, que no se ponga su nombre, que no se les trate como ellos tratan a los funcionarios y al resto de la gente que no comulga con su forma deser”.   Ocurrió un caso apenas hace unos días.  Fue detenido un individuo por alterar el orden público y porque se dijo que pretendió “robar dulces” en una fiesta patronal.  Al rato empezaron a llegar las amenazas de que serían demandados los medios que publicaron, los policías que lo detuvieron, porque el individuo era una “inocente paloma” que no tenía ninguna necesidad de robar, que no se escribió sobre el hecho de que había sido golpeado por los dueños del negocio que afectó y que se estaban violando sus derechos.  Otra vez, ¿No es una doble moral? Porque no dijo quien amenazó que peleó con otros, que alteraron el orden, que pretendieron quemar el puesto de los dulces, que si robó y aventó la mercancía frente a una tienda muy conocida y que a pesar de haber sido partícipe de una riña, no iba tan dolorido como  lo dijeran sus defensores y echó a correr y finalmente fue asegurado y puesto a disposición del oficial conciliador, por alterar el orden, no por haber robado.

Otro caso, el choque de un vehículo particular con una patrulla de reciente adquisición. Los particulares acusaron al patrullero de ir en sentido contrario en una calle que se usa mientras se está en reparación de otra, el oficial de policía asegura que la imprudencia fue del conductor, porque fue de noche, llevaba las torretas encendidas y a pesar de ello, no le permitió el paso por lo que la unidad resultó con una grave afectación, que de haber llamado a la aseguradora, el pago del deducible para quien se hubiera encontrado responsable, ascendería a por lo menos 90 mil pesos. Ambos, ciudadano y policía grabaron, tomaron fotografías del percance.  Se retiraron y llegaron a un acuerdo una vez, luego otra vez, para luego, señalar que no estaban “de acuerdo” y acudir diariamente a la presidencia para pedir que mejor cada quien se quedara con su golpe.  ¿no se trata de una doble moral? Exigir un derecho, pasando por encima de sus propias palabras.

O en las acciones de los gobiernos pretendiendo dar un mejor servicio al ciudadano.  “Nada de lo que haga ese presidente o sus funcionarios, nada sirve, porque están para servirnos, no para servirse, son blanco de los ataques, no para que nos ataquen, son carnita para los perros, no para que nos traguen”.   Sigue siendo la misma pregunta.  “¿No se trata de una doble moral”?  Y así es como educamos a las generaciones actuales.  ¿Cómo serán las venideras?