Foto: Miguel Dimayuga

Por Gabriel Páramo

 

El Sindicato de Trabajadores de La Jornada (Sitrajor) decidió declararse en huelga porque la empresa Desarrolladora de Medios (Demos) ha venido sistemáticamente reduciendo sus prestaciones y endureciendo las condiciones de trabajo, aunque hace unas horas, la Junta Local de Conciliación y Arbitraje la declaró inexistente.

La gerencia de Demos asegura que la empresa está virtualmente en quiebra “por culpa de los trabajadores, que ganan mucho” y refuerza su dicho comparándolos con las condiciones de trabajo que rayan en la servidumbre de otros medios nacionales.

En resumen, a reporteros y demás trabajadores del periódico La Jornada se les exige seguir produciendo riqueza, que es lo que hacen los trabajadores, mientras sus condiciones de vida se empeoran, mientras que para la alta dirección no hay mayores cambios. Ellos pueden, por ejemplo, seguir desayunando en el Café O (que las páginas especializadas catalogan en más de $500 por persona).

Desde el primer momento, mucha gente ha empezado a criticar al sindicato de La Jornada. Para unos, son esbirros de Peña Nieto o el Prian; para otros, la función de los trabajadores es trabajar, no hacer huelgas. Muchos consideran que negarse a laborar les costará el empleo; para otros, simplemente no es “nice” hacer una huelga en estas épocas.

Los trabajadores mexicanos actualmente podemos caracterizarnos por la nula conciencia de clase. Ya sea profesionistas, oficinistas o profesores, la mayoría de nosotros nos consideramos de una casta especial, alejada de los obreros y, por supuesto, de los proletarios. Nos sentimos patrones, les tenemos cariño y soñamos con serlo. Olvidamos que si no poseemos los medios de producción y solo contamos con nuestra fuerza de trabajo, somos proletarios.

Para algunas personas, la huelga de La Jornada pone en peligro al periódico y es producto de la ceguera de la dirección sindical. Puede ser, pero también es cierto que estas premisas han sido las que han llevado a la mayoría de los medios, y empresas en general, a pagar cada vez menos, a anular prestaciones, a negar derecho.