Los frecuentes desastres naturales, accidentes, ataques terroristas y todos aquellos episodios violentos que afectan un gran numero poblacional, son seguidos por alteraciones del orden social tales como saqueos, epidemias, desabastecimientos, daños a la infraestructura, entre otras consecuencias.

Pero, ¿qué ocurre con las personas que lo vivencian? ¿Por qué algunos se adaptan y otros no?; los seremos humanos tenemos diferentes formas de responder ante los problemas. ¿Por qué se dan estás diferencias? Y ¿Cómo podemos facilitar el proceso de adaptación en el momento mismo de la crisis?

Inicialmente debemos comprender que cada uno de nosotros presentamos en los primeros momentos de un incidente, una serie de respuestas normales y esperadas.

Tipos de respuestas ante un incidente

  • físicas/orgánicas
  • cognitivas
  • emocionales
  • comportamentales
  • espirituales

Mediante la identificación de esta respuesta, su reconocimiento y adecuado seguimiento, nos posibilitará la prevención de algún tipo de alteración que perdure en el tiempo.

Estas respuestas facilitarán la supervivencia y el afrontamiento, proceso comprendido como el síndrome general de adaptación.

Consideraremos entonces los efectos del estrés como principal mecanismo orgánico para responder a las contingencias.

Respuestas de tipo físico

Particularmente las respuestas de tipo físico y orgánico, se presentan en el momento en que el problema o amenaza es percibida.

La reacción de estrés activa nuestro sistema HHA (Hipotálamo, Hipófisis, adrenal), produciendo una cascada de compuestos hormonales como la corticotropina y glucocorticoides que en el organismo aumentan el flujo sanguíneo y la ventilación, y por consiguiente, hay mayor oxigenación en nuestros músculos y cerebro, entre otras respuestas de alarma.

Esta reacción esperada, nos permite adaptarnos y sobrevivir. Sin embargo, ¿qué pasa cuando esta activación perdura en el tiempo?

Muy probablemente prepara al organismo a una respuesta que nunca llegará y que con el paso de los días, alterará nuestro sistema.

Diversos estudios nos informan que estos periodos crónicos de estrés producen cambios en nuestra respuesta inmunitaria, haciéndonos vulnerables a enfermedades y a reacciones inflamatorias, alteraciones de nuestro ciclo circadiano, comportamiento sexual, entre otras.

Por lo tanto, aunque las respuestas físicas y/o orgánicas sean normales, no se les debe restar importancia y se les deberá hacer seguimiento continuo en el tiempo de su duración.

Respuestas de tipo Cognitivo

Posteriormente tendremos las respuestas cognitivas, éstas, durante los eventos críticos producirán alteraciones en nuestros sistemas básicos de pensamiento.

Nuestra atención será generalizada y no dirigida, buscara la concentración global y no focalizada, produciendo baches en el procesamiento de la información que nunca llegará a nuestra memoria consciente.

Es usual que después de un robo o altercado no recordemos con mucho detalle toda la secuencia del suceso. De igual forma la solución de problemas habituales se afectará, dando paso a respuestas automáticas provistas de emociones primarias, sin razonamiento o diligencia, haciéndonos altamente vulnerables a inadecuadas decisiones.

Respuestas Emocionales

Desde las emociones, responderemos de forma intuitiva y automática a aquello que percibimos.

Podemos presentar una serie de sentimientos a partir de un mismo hecho, estos no serán malos o buenos, su punto de conflicto dependerá del nivel de asertividad en que se manifieste.

Es decir, no está mal sentir enfado, pero tal vez sería inadecuado que por enojo, insultemos o alejemos a personas que tal vez puedan acompañarnos en un proceso crítico.

Debemos entender que las emociones funcionan como lentes para el sol, filtran los estímulos ambientales y posibilitan interpretaciones similares a nuestro estado anímico.

Un ejemplo, si una persona ante una pérdida, se encuentra en una etapa de tristeza y angustia, y se le propone la realización de determinada actividad, es muy probable que la vea inútil o sin sentido.

Respuestas Comportamentales

De forma relevante, estas emociones serán el comienzo de comportamientos particulares. Si siento miedo ante una determinada situación, la huida como respuesta podría producir un comportamiento de evitación con permanencia en el tiempo.

Pero, si el estrés es la respuesta normal o esperada ante una contingencia que se nos presente, ¿en qué momento deja de serlo?

Su solución dependerá de cada uno de nosotros, cuando una persona siente que la situación supera sus recursos comunes de afrontamiento, se activa la respuesta de crisis psicológica(Benveniste 2001) o desde el punto de vista clínico, un estado de estrés agudo, compuesta por las reacciones estándar de estrés, sumado a la sensación de incapacidad o de poco control a los problemas o amenazas.

Combinando los dos conceptos, el estado de crisis implicara una respuesta de estrés.

Si la crisis es prolongada por factores externos o por que no se han identificado los recursos apropiados para su solución, permanecerá la respuesta de estrés que impactará en nuestra salud física y mental. La diferencia radicará en la disposición del ambiente y la disposición individual para favorecer estilos de afrontamiento particulares al problema.

La OMS advierte una serie de variables en la respuesta individual, comprendiendo aquellas personas que desarrollan una alteración mental después de un incidente, las que experimentan algún tipo de sufrimiento psicológico sin ningún tipo de alteración y finalmente aquellas que ya padecían trastornos mentales, y que por consecuencia de su situación se agravan los síntomas necesitando de mayor apoyo sanitario.

En el mismo sentido, la OMS estima que entre una tercera parte y la mitad de la población expuesta a un evento catastrófico sufre alguna manifestación psicológica.

Además que, después de una emergencia, los problemas de salud mental en los sobrevivientes requieren de atención durante un periodo prolongado. Los trastornos mentales asociados a estos eventos críticos, terminan siendo una problemática para los medios sanitarios.

¿Cómo podemos entonces facilitar estilos de afrontamiento particulares?

Escucha activa o escucha reflexiva. 

Permitirá que la persona exprese sus emociones. Siendo los seres humanos, especies gregarias, la presencia de otra persona a la cual le puedo expresar mis sentimientos de angustia o temor, posibilitando la disminución de la carga emocional que puedo llegar a tener. Una vez disminuida la carga, permitirá pensar más claramente las diversas opciones de respuesta sin ningún tipo de sesgo o filtro.

Permitir la expresión abierta y sin limitaciones. 

La expresión de emociones está enmarcada en patrones culturales de comportamiento, por ejemplo, si soy hombre, socialmente puede ser mal visto que este llorando, ya que “los hombres no lloran” siendo su principal papel, el cuidar el hogar y mostrar liderazgo.

Por lo tanto como auxiliador, deberá ser cauteloso y liberarse de prejuicios.

Una vez cumplida la tarea de escucha y expresión de emociones, los sujetos realizan algo denominado restablecimiento emocional.

Este estado permite a la persona un grado de estabilidad en donde las emociones son reconocidas, identificadas y por lo tanto “controladas” conscientemente, en este punto, indague por acciones que ha realizado la persona.

¿qué has hecho hasta ahora? ¿qué podrías hacer? Funcione como una mente externa a la persona, usted como agente ajeno a la situación podría funcionar como agenda o secretario reflexivo. Nunca dé consejos, todo se trata de fortalecer la confianza para que la persona pueda encarar el conflicto.

Fomente la solución de problemas. 

Se deberá entender que una persona en una situación crítica no es carente de habilidades, será un individuo con la potencialidad necesaria para solucionar problemas. Facilite el contacto con fuentes de apoyo y recursos que la persona pueda llegar a necesitar, tal vez, la persona solo necesite información.

Finalmente, motive la autonomía y sensación de capacidad. 

Estimule a la persona emocionalmente, aumente la seguridad, “lo has hecho muy bien”, “podes hacerlo”. El fortalecimiento de la autonomía posibilitará la confianza necesaria para afrontar las dificultades que surgirán desde el incidente y las consecuencias subsiguientes.

El estrés como respuesta podrá activar a la persona para afrontar las contingencias, sin embargo, una vez que la persona pierda la sensación de control, comenzará a percibir las circunstancias de forma diferente. Tendrá mayores dificultades en adoptar una actitud general de afrontamiento, siendo la crisis el primer componente para el desarrollo de una patología en un futuro, deberá recordar que del estrés a la crisis, solo hay un paso.