Hay que ayudar…

16

Por Beatriz Flores.

Desde que leí esa petición a través de un mensaje en la fanpage de este portal de noticias, la frase se quedó martilleando en mi cerebro, porque la petición de ayuda no vino de la víctima, sino de una de varios testigos de una golpiza que un tipo propinó a una chica  que solo había pronunciado un  “ya te había dicho que me duele la cabeza”.

Durante la madrugada del rimbombante “día naranja”, si ese en el que el activismo de los políticos se suelta con vestimentas de ese color, que repiten discursos a favor de la no violencia, que hasta los políticos se sensibilizan con mega clases de zumba para no agredir a las mujeres, fue captada una escena por  demás violenta en el maravilloso pueblo de Tepeji, para ser precisos, en el lugar conocido como El Polo Norte.

“Eran como las dos de la madrugada, quizá un poquito más tarde, antes del paradero de combis, un tipo le estaba pegando muy feo a una mujer.  Ese no era un hombre, era una bestia sin conciencia descargando su ira sobre ese cuerpo maltrecho”. Fueron palabras de la denunciante que pidió no decir su nombre por temor a represalias.    Hasta ese grado ha llegado la violencia contra el género femenino, la física que se aplicó a la víctima y la psicológica que a los testigos les impidió hacerlo abiertamente.

En su denuncia “anónima”, esta mujer pide “alertar a la sociedad de Tepeji, a todos los que tienen una hija, una hermana o una amiga, que el día viernes por la noche salió con un tipo que portaba una sudadera sport color roja con capucha.  Es necesario alejarla del individuo, que si fue capaz de alejarse dejándola en el suelo, inconsciente a consecuencia de los golpes que le propinó, es capaz de matarla e irse con suma tranquilidad, sin importarle las consecuencias de sus actos”.

Quien envió esta denuncia “anónima”, dijo que junto con una amiga, a esa hora fueron a comer tacos, a conocida taquería ubicada en el Polo Norte.  “Como hacía mucho frío, yo me quedé en el carro, pero escuché los gritos de una mujer que suplicaba que ya no le pegara, también escuché la voz de un hombre que amenazaba con matarla, palabras soeces, muy groseras. No alcanzaba a ver de dónde provenían los gritos. Luego volteé en el carro y vi como ese individuo le pegaba una y otra vez a la mujer que ya estaba tirada en el suelo.

“Quise llamar a la policía, pero como siempre nos ocurre, el celular se me quedó sin pila, el auto tenía seguros y no pude salir para auxiliarla, pero fueron minutos muy crueles los que transcurrieron, porque estaba viendo la agresión y no pude ayudarla.  El tipo se empezó a alejar y ella se quedó unos instantes en el suelo, no se si inconsciente o solo recuperándose de la golpiza que le dio el sujeto.   Luego se levantó y como pudo, corrió detrás del sujeto, alcancé a escuchar que le dijo ella “solo te dije que me dolía la cabeza.  Se fue corriendo detrás de él, se perdieron rumbo al Cerrito, ya no supe más”, decía el relato.

La chica  es delgada, tiene pelo largo un poco chino, en esa ocasión llevaba puesto un pantalón de mezclilla, con zapato bajo y traía una bolsa cruzada.  Son datos escuetos. Hay cientos de chicas con esa vestimenta, con esas características, pero hay algo importante.  Esas cientos de chicas no salen por la madrugada, no llegan golpeadas a sus casas, no tienen su autoestima tan baja, como para permitir las violenten de esa manera.

Ojalá los padres de esta joven se percaten de que su hija, o su hermana, o su amiga, está viviendo en una relación violenta y la ayuden a salir de ese círculo agresivo, ya que si en esa ocasión, el famoso día naranja, su golpeador la dejó tirada sin importarle si estaba viva o no,  cualquier día la mata y todo, porque no denuncia esta violencia que vive como “si fuera algo natural”.

La violencia no es natural, es una ofensa a la mujer, a los niños, a los hombres. Es una transgresión a los derechos humanos. Es una falta de respeto a la condición humana.  Es una autoestima muy baja, tanto para quien golpea, como para quien se deja golpear.

“Hay que ayudar”…   Si es importante ayudar, pero revestiría más importancia, si se dejan ayudar, si denuncian, si se empoderan y ayudan a erradicar con actos valerosos esta condición de violencia.   Hay que ayudar padres, no menospreciando la dignidad de sus hijas, no devaluándolas como mujeres.   Hay que ayudar madres, confiando y cuidando a sus hijas, a sus hermanas, a su propia madre.   Hay que ayudar ingresando a programas de apoyo sicológico social, grupal, hacer círculos de ayuda.   La violencia es el inicio de la muerte.

Hay que ayudar…