Lo de siempre no es cambio

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Reflexiones desde Júpiter

Si uno escucha a los analistas políticos, a los expertos, y lo hace con atención, es posible darse cuenta de que la mayoría de ellos consideran como efectivo lo que se adecue a las normas establecidas del sistema político y económico que estamos viviendo, de tal manera que los candidatos resultan “buenos o malos” de acuerdo con la norma.

Cuando Andrés Manuel dice que el nuevo aeropuerto no va en su programa, entonces lo califican de erróneo, porque “asusta a los inversionistas y al extranjero”, pero si Margarita Zavala da un mensaje de continuidad en el uso del Ejército en el combate a la inseguridad, entonces es adecuada porque “brinda certeza y continuidad”.

Entonces, es claro que esos expertos lo que buscan es continuidad, no cambio, y es el mensaje que están dando al público. Por desgracia, este mensaje de seguridad ha calado muy fuerte en la idea del mexicano tradicional. Muchos quieren cambio, pero cambio pacífico, para seguir iguales o para mejorar y ser como antes, ese antes idílico que quién sabe cuándo existió, pero se añora.

Nos damos cuenta en las críticas que en las redes sociales o en la plática con gente común hace la gente contra Marichuy. Que no tiene experiencia, que no tiene presencia, que no sabe inglés, que no fue a la universidad… o sea, la gente quiere un candidato que sea igual que los que conoce, sin darse cuenta que esa es la gente que nos ha llevado a donde estamos.

Lo que ofrece María de Jesús Patricio es diferente y, de ninguna manera, puede medirse con los parámetros a los que estamos acostumbrados. No le va a quitar votos a AMLO porque no está solo contra él, sino contra todo el sistema, así que quienes la apoyan, no es gente que de otra manera votaría por alguien más, sino muy probablemente, gente que no votaría por nadie.

II

La televisión da miedo. Hace unos días en el programa de Univision “El gordo y la flaca”, supuestamente especializado en el mundo del espectáculo, entrevistaron a un médico sobre qué hacer en caso de un bombardeo nuclear, supuestamente, en una ciudad estadounidense.

Me sentí trasladado a mi niñez más temprana, durante la Guerra Fría, cuando en Selecciones del Reader’s Digest, la televisión, el cine, se repetían los mensajes sobre una posible guerra nuclear. Sin embargo, el mensaje de la televisión en 2017 era en gran medida, peor.

El médico, guapísimo, evidentemente diseñado en aspecto latino agringado hiperexitoso, explicaba que, en realidad, lo que tenía uno era que meterse al sótano, bañarse, no exponerse al aire libre… En fin, como que la bomba que supuestamente caería sería una pequeñita, sin mayores problemas.

Estos mensajes, lo saben los teóricos de la comunicación, están diseñados para quitarle el miedo a la gente, para hacer aceptable la opción nuclear, lo que es particularmente peligroso cuando el país más armado del mundo tiene un presidente que, definitivamente, está loco.