TERROR PINTADO DE ROSA

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Texto y foto por Sandra Suaste

Los mundos «color de rosa» son magnánimos, bondadosos, resplandecientes, «para mujeres», dicen. En el nuestro, ese imaginario se cae a pedazos, se desborda como los cuerpos en los ríos malolientes del Estado de México, como la sangre derramada en Ciudad Juárez o la violencia que te alcanza en cualquier momento en la puerta de tu casa, en el oscuro trayecto a tu trabajo, en tu nula elección de nacer mujer.

Nuestras pisadas marcadas con tonalidades rosa pálido: es el rostro de la muerte avanzando a nuestro paso. ¿Es un rojo intentando ser aclarado? ¿Es el rojo de la sangre derramada por las nuestras? Latas de sangre mezclada con blanco para poder seguir mirando a otro lado, para poder diluir tanto horror, tanta crueldad. Para afirmar que aquí no pasa nada.

«Aquí tienen su mundo malvita. ¿Qué chingados más quieren? ¿Que no las maten? Eso no está contemplado en nuestras políticas públicas, hay cosas más importantes que hacer». Total, mujeres pobres.

Cruces rosas: una, dos, tres, cientos, miles. Así se fue tiñendo nuestro mundo del “femenino” color. Un rosa impregnado de miedo. Un rosa deconstruido que llora «N-I-U-N-A-M-Á-S» en la cruz cargada por una madre que anhela el regreso de su hija. Cruces que tienen rostro, nombre, edad, una vida inconclusa: mutilada, violada, calcinada, ultrajada, privada de su futuro de la forma más vil, despiadada, as-que-ROSA.

¿Cruces rosas? ¿Ciudades rosas? ¿Asientitos rosas para disminuir la violencia feminicida? ¿Silbatos rosas para curar el acoso?

¡Pero qué van a saber ustedes! Ustedes que no caminan por los solitarios callejones con terror. Ustedes de quienes sus hermanas, sus madres, sus esposas ni siquiera tienen que usar el transporte público, ni qué trabajar en las maquilas o en la esquina de una calle. Ustedes que nos miran con desprecio. ¡Pero qué van a saber ustedes que afirman que 90 % de las mujeres se sienten respetadas! ¿Qué van a saber, si ni siquiera les importa?

Yo no quiero un mundo coral en donde sigan culpando a la víctima. No soporto un mundo en donde ella tuvo la culpa por caminar a las doce de la noche. Yo no quiero un mundo color malvita en donde veo a las mías asesinadas, uno que arrebata el sonrojado tono de las mejillas para convertirlo en terror, odio, rabia, miedo, sangre. ¡No!

No quiero un mundo en donde esperemos a que nos regalen pintura para maquillar la cruda realidad.

No más terror pintado de manera as-que-ROSA.