Una quinceañera de lujo, Astrid Monserrat

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Emocionada de alegría, de nervios, llegó Astrid Monserrat Azamar  Adame a la Misa preparada en Dios para ella, para que se rindiera una Acción de Gracias por permitirle llegar a cumplir 15 años y celebrarlos junto a sus padres, Jorge y Marcia, así como con sus hermanos.

Durante la celebración religiosa se mostró respetuosa,  fiel escucha del Evangelio y luego de las amorosas palabras que le dedicó el sacerdote Miguel Ángel, en las que le aconsejó ser una hija amorosa con sus padres, agradecida, respetuosa, temerosa de Dios y mujer de misericordia hacia el prójimo.

Durante la sesión de fotos su sonrisa siempre salió natural, contagiosa, invitando a todos los asistentes al templo a posar junto a ella y frente del altar, para perpetuar en una fotografía este día memorable para ella.

Sus chambelanes casi no querían separarse de ella, por el orgullo de estar junto a una jovencita tan hermosa, tan llena de vida. Pero el más orgulloso, su hermano, ese joven alto, apuesto, galán, que lució orondo, henchido de gusto y alegría por llevarla de su brazo desde el altar hasta la salida de la iglesia.

Ya más tarde, la recepción fue  realizada en el salón de eventos Los Faisanes, en la comunidad de El Carmen,  un lugar agradable, con un jardín bien cuidado, un área para que  los más pequeños se divirtieran lejos del ruido de la fiesta y de los trajes de hombres y mujeres bien cuidados, pulcros no les incomodaran.

Los platillos fueron típicos, pero suculentos, consomé, barbacoa, mole verde, rojo y encacahuatado, agua de tamarino y refrescos.   Una fiesta para una quinceañera como debieran ser para todas las jovencitas.   Sin alcohol, para que todo se disfrutara en los cinco sentidos y se gozara de la música, del baile, de la charla, la convivencia con la gente de aquí, la que venía de otros municipios y la que vino incluso de otros estados de la República.

Profesores abundaron, ya que Marcia,  la orgullosa madre, se dedica a esta muy perseguida e incluso mal pagada profesión, de enseñar en las aulas,  y  sus compañeros con su asistencia le demostraron el aprecio que sienten por ella.

Las madrinas de Astrid Monserrat, todas desde el bautizo hasta la velación de sus 15 primavieras,  son profesoras, tiene una buena guía y posiblemente puedan influir en su orientación vocacional, pero para ello aún faltan algunos años. Ahora está en esa edad de los cambios físicos, de las emociones, de los sentimientos, es su transformación de niña a mujer.

Luego de los alimentos, se procedió a partir el pastel, bellamente decorado y a repartir a la concurrencia. Asimismo, el vals fue una música moderna en la que nuevamente los chambelanes hicieron gala del orgullo de acompañar a tan bella jovencita.

El baile fue muy ameno, los asistentes lustraron con sus pasos el piso del salón, fueron pocas las parejas que se animaron a bailar, pero hicieron sus mejores pasos para disfrutar de la fiesta.

No cabe duda que esta quinceañera fue muy feliz durante el festejo que le realizaron sus padres.

Felicidades Astrid Monserrat Azamar Adame