Niñas a la venta: la tradición “enfermiza” que sostiene el mercado de novias gitanas en Bulgaria

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La ciudad búlgara de Stara Zagora se alborota con la llegada de la primavera. Y no es para menos. Se trata del único lugar donde los jóvenes de un estricto clan gitano tienen la oportunidad de conocerse y casarse.

Las familias gitanas del clan Kalaidzhi invierten el poco dinero que tienen para asegurar un matrimonio estable entre los miembros de su comunidad en el célebre “mercado de novias gitanas”.

Las chicas vírgenes deben lucir preciosas y los chicos demostrar que tienen la solvencia económica para formar una nueva familia. Así que los padres de las futuras novias gastan fortunas en llamativos vestidos, zapatos altos y maquillaje, mientras que los jóvenes reúnen lo ahorrado durante varios años para ofrecer una dote que asegure que regresará a casa con la muchacha de su preferencia.

En una comunidad de apenas 18.000 Kalaidzhi que viven esparcidos por Bulgaria, esta feria primaveral tiene una importancia capital. Sus estrictas tradiciones cristianas ortodoxas prohíben a las adolescentes salir solas de casa después de su primera menstruación, conversar con los varones o casarse con un pretendiente fuera de clan.

Si las jóvenes no encuentran un pretendiente Kalaidzhi durante la feria podrían quedar solteras porque no es una opción casarse con un gitano de otro clan y mucho menos con un búlgaro, quienes también tienen dificultades para conseguir pareja por la emigración que ha encogido su población de unos 9 millones en 1989 a 7 millones en 2017.

Quiénes son los Kalaidzhi

Los Kalaidzhi son una comunidad semi nómada que se dedicaba a la metalurgia y que en la actualidad integra los estratos más pobres de la población. Hasta hace pocos años recorrían los pueblos fabricando o reparando calderos y ollas, pero la invasión de utensilios baratos importados de China les arrebató su principal medio de vida.

El ojo del huracán

A simple vista, la feria de Stara Zagora luce como cualquier festival popular. Los vendedores ambulantes ofrecen golosinas y algodón de azúcar, mientras las chicas sonríen, coquetean y bailan con chicos bajo la mirada vigilante de sus padres. Pero las negociaciones económicas entre las familias mientras los jóvenes se divierten han levantado críticas por parte de los defensores de los derechos de la infancia y de la igualdad de género.

La reciente atención mediática en Stara Zagora no se debe a que es una de las ciudades europeas que se ha mantenido pobladas de manera continua desde hace 8.000 años, ni porque es conocida como la ciudad de los poetas, ni porque es la sede de la primera planta robótica de Bulgaria.

Los críticos la fustigan porque es lugar donde se celebra una feria que califican como una vulgar venta de niñas en el medio de la calle y a plena luz del día.

Los expertos en cultura gitana aseguran que los pretendientes no están comprando a sus esposas, sino que pagan por una mujer “virtuosa”. “Cuando escoja a mi novia tiene que ser bonita, tiene que ser virgen y debemos gustarnos”, dijo un joven Kalaidzhi en un documental de la publicación Broadly.

Pero las legislaciones internacionales que defienden los derechos fundamentales de la infancia y las mujeres chocan frontalmente con el derecho de los Kalaidzhi en preservar sus tradiciones culturales.

Una niña durante el “mercado de novias” en la ciudad de Stara Zagora, Bulgaria, el 28 de febrero de 2015. (AFP/Archivos | Nikolay Doychinov)

Desde el punto estrictamente legal, la mayoría de las novias son niñas porque no han cumplido los 18 años de edad, según la Convención de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas suscrita en 1989.

Uno de los opositores es Ilarie Mihai, presidente de la Unión de Cristianos Romaníes en Rumanía. “Debemos escapar de esa mentalidad enfermiza de algunos de nuestros gitanos, que ven a los niños como una mercancía”.

La tradición de casar a las niñas durante la pubertad nació durante los sucesivos períodos de esclavitud que sufrieron los pueblos gitanos desde que comenzaron su diáspora desde el norte de India hace 1.500 años.

“Para eliminar esa pesadilla, el consejo de sabios decidió casar a las niñas muy jóvenes, para evitar que los amos deshonraran a las vírgenes”.

Y aunque la esclavitud fue abolida siglos atrás, los Kalaidzhi alegan que tienen motivos para mantener a sus hijas en casa.

Para los Kalaidzhi es importante evitar el contacto con los niños para preservar la virginidad y eliminar el peligro de ser secuestradas por familias que no desean pagar la dote. (AP Photo/Valentina Petrova)

Las pocas niñas que asiste a la escuela, en una comunidad donde 6 de cada 10 personas son analfabetas, son retiradas apenas llegan a la pubertad. Para los Kalaidzhi es importante evitar el contacto con los niños para preservar la virginidad y eliminar el peligro de ser secuestradas por familias que no desean pagar la dote.

Si una joven es raptada y violada por un joven Kalaidzhi, éste tiene la obligación de desposarla pero no está obligado a pagar dinero porque ya tuvo sexo con la joven.

Los motivos de la comunidad Kalaidzhi no son aceptados por organizaciones no gubernamentales como “Girls Not Brides”, que se opone al matrimonio infantil porque viola el derecho de las niñas a la salud, a la educación, a las oportunidades económicas, las expone a la violencia y las atrapa en un círculo de pobreza y dependencia.

El director de la organización Un mundo sin fronteras, Gancho Aleksnadrov Iliev, dijo que sus estudios han determinado que la tradición de casarse vírgenes sólo con miembros de su clan ha traído consecuencias negativas, entre ellas enfermedades genéticas como epilepsia y distrofia muscular.

 

(AP/Valentina Petrova)

Iliev señaló que es difícil estudiarlos porque se niegan a cualquier interferencia fuera de su clan.  “Considero que las mujeres Kalaidzhi son discriminadas por el rol que ocupan en sus familias y porque no pueden tener un papel activo dentro de la comunidad”. Este es el siglo XXI en una época de tecnología avanzada y es inaceptable que carezcan de los conocimientos más básicos para participar en el mercado laboral, criticó el activista.

“Nosotras deseamos ser modernas, pero no nos dejan”, dijo María, una joven de 21 años que obtuvo su certificado de educación media cuando cumplió 16 pero la obligaron a abandonar los estudios y ahora su único objetivo es casarse.

Las mujeres Kalaidzhi viven en Europa pero no disfrutan de las mismas libertades que otras ciudadanas de la región. 

En febrero de 2018, miles de mujeres llenaron las calles de las principales ciudades europeas para exigir los mismos derechos y las mismas posibilidades de desarrollo que los hombres. Pero en el sur de Bulgaria, las madres Kalaidzhi bordaban ajuares y las niñas perfeccionaban sus habilidades domésticas para atender a los esposos que conocerían en el mercado de novias.