La Cultura Cívica más allá del Rencor Ciudadano

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El pasado 1º de julio, México vivió el vertiginoso efecto AMLO, que convirtió la elección presidencial en una encrucijada para la clase política tradicional y sus partidos; puso en evidencia una democracia cuyo principio de representación respondió al utilitarismo del voto como instrumento de castigo político; y mostró la fragilidad cognitiva de los ciudadanos.

El Poder Ejecutivo y de manera inédita el Poder Legislativo, se encuentran en manos de MORENA, partido cuyo ascenso deja reflexiones abiertas ante el colapso de los partidos tradicionales; el pragmatismo en su forma de hacer política; y el papel de las ideologías en la conducción social.

Desde hace décadas se advirtió en las democracias occidentales el fracaso de los partidos vetustos y anquilosados, cuyas prácticas alejadas de la realidad, ocasionaron un peregrinaje ciudadano hacia la defección de los partidos y al aislacionismo político, afianzando la crisis de representatividad y el ascenso de movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales, como espacios alternativos de expresión política ciudadana.

Hemos vivido significativamente, el ascenso de partidos y movimientos de izquierda como el de José Mujica en Uruguay, el de Michelle Bachelet en Chile, o el de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil. En todos estos casos el cuestionamiento es el mismo: ¿Qué hicieron los partidos de izquierda para que los ciudadanos optaran por esta alternativa política?

La respuesta estriba en la conquista de la confianza ciudadana; la inclusión de los sectores históricamente excluidos; la concreción de la tarea pública; y el reformismo social para generar oportunidades y calidad de vida. Esto es política terrena, es decir, aquella que concreta desde la esfera pública las aspiraciones y necesidades sociales y la construcción de espacios para todos, realidad que explica la derrota de los partidos tradicionales ante la erosión e incapacidad de concreción de sus proyectos políticos, que prometían servir a la ciudadanía desde una visión de probidad y justicia social.

Pero este planteamiento tiene otros andamios en el edificio democrático.

El desencanto también tiene que ver con la disfuncionalidad de los partidos y su incapacidad para impulsar un régimen de coparticipación ciudadanía-gobierno, que impida la segregación del tejido social en la toma de decisiones; y consiga su militancia partidista para que no sólo los observe como maquinarias político-electorales que limitan su participación en el quehacer público.

De igual manera, el vacío ideológico en la conducción partidista provoca que para los ciudadanos resulte lo mismo hacer política con cualquier color. Así, las estelas de putrefacción de la corrupción y la impunidad, que tienen más de un padre político, se diluyen, ya que poco importa el origen o nomenclatura partidista.

Estamos en presencia del gatopardismo de políticos chapulines y de la descomposición del sistema político, variables que explican el desencuentro social y el subdesarrollo político, así como los factores del rencor, la apatía, la pérdida de legitimidad y la falta de confianza y credibilidad política.

No se debe olvidar que en la democracia de masas, la ignorancia política es sin duda la causa que estrechó la despolitización, la manipulación y el control político como fórmulas para avasallar a la ciudadanía y enquistar la demagogia, el populismo y el fascismo, como prácticas de perpetuación de intereses oscuros y sectarios que debilitan la democracia, cuya efectividad está en función del sistema educativo que la rodea.

La depreciación y depredación de la cultura cívica en los aparatos ideológicos del Estado, provocaron desconciertos y desencuentros sociales; y limitaron que la participación ciudadana trazara la ponderación crítica de la conducción política, debilitando los equilibrios y frenando el fortalecimiento de los pesos y contrapesos al poder público, lo que hoy explica el enfado social que no pudieron controlar los partidos políticos ni el Estado.

Este escenario de forma y fondo inaugura el ascenso de MORENA, en una era donde nunca una representación política de (autoasignada) izquierda había resultado tan aplastante sobre las otras fuerzas políticas.

Empero, es claro que no existe un grado ideológico que explique desde la cultura cívica el poder de la izquierda, a diferencia de Uruguay o Chile. Lo que ha primado en nuestra realidad es un empoderamiento de la izquierda a través del voto del rencor, de la inconcreción y de la carencia de corresponsabilidad en la tarea pública.

Sin embargo, el ascenso de la izquierda no elimina el fantasma del tránsito de nomenclatura política de un partido a otro, ya que las formas de hacer política, inclusive en esta elección, no han cambiado.

¿Qué debe cambiar de forma y fondo en esta democracia en crisis?

Es necesario hacer de la democracia un escenario de auténtica representación social que sea el efecto de la cultura cívica.

La cultura cívica debe constituir la prioridad del espíritu democrático. Debe ser el vector ciudadano para nutrir la inteligencia social e institucional; no una paráfrasis de la demagogia de partidos o estructuras gubernamentales, porque ello ya nos probó que sólo genera rencor o temor político y la atomización de los sujetos sociales, que se vuelven apolíticos, apartidistas y antípodas de la democracia.

Apelar a la cultura cívica es imprescindible, si se quiere fortalecer a la democracia y encauzar el proyecto de Nación, pero ello sólo será posible cuando las estructuras institucionales acepten el derecho humano a la participación ciudadana y hagan de ella la génesis de todo poder público.

Agenda

  • El virtual Presidente Electo Andrés Manuel López Obrador, dio a conocer el plan para “Pacificar a México Sin Balas”, pretende convocar a familiares y víctimas de delitos y crímenes; crear una iniciativa de seguridad; una Ley de Amnistía; combatir la pobreza y la desigualdad de oportunidades; iniciar un programa de dignificación de los cuerpos de policía; y terminar con el círculo vicioso que generan la corrupción, la impunidad y la inseguridad.
  • También anunció la descentralización de las Secretarias de Estado, destacando que en Hidalgo se ubicaría la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano SEDATU, e informó la desaparición de las Delegaciones del Gobierno Federal en las Entidades Federativas y en su lugar nombró a un Coordinador General. En Hidalgo designo para este encargo al Dr. Abraham Mendoza Zenteno, actual Presidente del CDE de Morena en el estado.
  • Asimismo, llevó a cabo dos importantes reuniones: con la CONAGO y con una delegación estadounidense integrada por el Secretario de Estado Mike Pompeo; la Secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen; el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin; y el asesor y yerno del presidente Trump, Jared Kushner.

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