Bajo la máscara

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“Los inicios”

Existe una frase que comúnmente ocupan los entrevistadores a la hora de abordar a gladiadores experimentados, ¿Un luchador nace o se hace?

Desde mi  punto de vista un gladiador se forja en cada uno de los entrenamientos, no importa si tenga sangre de luchador en las venas o no, yo podría responder con el dicho popular que dice: “La práctica hace al maestro”.

Lo que sí es verdad, es que debes de acercarte a la persona indicada, si no quieres tener amargas historias que compartir años después.

El conocimiento del pancracio nacional se guarda con gran recelo profesional por las leyendas y luchadores consagrados, los cuales algunos comparten su conocimiento; forjan, enseñan y pulen a las nuevas promesas para que surjan jóvenes talentos. Otros por el contrario guardan celosamente su conocimiento y aquellos dispuestos a aprender, lo tendrán que aprender a la mala.

Con el paso de los años, he podido conocer y establecer una amistad con algunos atletas hidalguenses, tanto de experiencia como talento emergente, lo que me ha llevado a conocer historias paralelas de sus primeros acercamientos al llamado arte del gotch, donde los gladiadores consagrados con muchos años en el deporte te cuentan, cómo les costó tanto aprender, soportando humillaciones físicas y verbales de sus maestros, con constantes desafíos para demostrar si realmente querían ser luchadores, y no solo físicas si no pruebas personales donde juegan con tu mente, dejándolos parados durante todo un entrenamiento, hasta que ellos dieran la indicación de que te pudieras acercar al sagrado ring.

Mientras que por otro lado, he conocido jóvenes, los cuales relatan que sus maestros los han guiado paso a paso, procurando su seguro aprendizaje y evolución para evitar luchadores “hechos al vapor”.

A los luchadores que han aprendido de alguna de las dos maneras, los invito a valorar mucho todo y cada uno el conocimiento que les han brindado sus profesores, porque no es hasta que ya no están en este plano dimensional llamado vida, cuando comienzan a estimar todo lo que tuvieron y aprendieron.

Y como consejo particular a todos aquellos jóvenes que tengan la inquietud de acercarse al deporte de los costalazos;  tengan mucha paciencia, perseverancia, actitud y ganas, no es un deporte sencillo.

Aquí todos los luchadores que llegan a subirse a un cuadrilátero, para tener esa oportunidad, les costó días y noches sin dormir gracias a las constantes secuelas que dejan los golpes y las lesiones, y es por eso que todos los luchadores se deben nuestro respeto, ellos saben que suben con salud a luchar pero no tienen la certeza de que bajaran con bien al finalizar su encuentro.

Nos leemos la próxima semana y ¡¡Arriba los rudos!!