Triplemania XXVI

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 Bajo la máscara

A lo largo de 21 años de edad siempre ha estado presente el deporte de los costalazos en mi vida, sin embargo la mayoría de mis recuerdos provienen de cuando yo tenia 10-11 años, desde entonces soy un completo enamorado del deporte, el llaveo el contrallaveo y la mística que envuelve a la lucha libre.
En estos últimos años la lucha libre ha “evolucionado”, poco a poco los gladiadores de las arenas locales, dejan a un lado las evoluciones clásicas por arriesgados mortales y movimientos novedosos ” del momento”, porque eso les pide la gente (o cierta parte del público), y pude darme cuenta del por qué después de Triplemania XXVI.
Empecemos por destacar lo bueno del evento. Muchos nuevos valores estuvieron  presentes, mostraron frescura y mucho talento, estetas como: Dragón Bane, Drastik Boy, Lanceloth y Dinastía lograron poner alto el nombre de la lucha libre hidalguense.
Lo triste del evento, a mi parecer, fue el exceso de espectáculo y la casi nada muestra de la esencia de lo que es el deporte.
A lo largo de poco más de 5 horas de evento, no pude observar ninguna esencial toma de referee, y solamente 3 llaves, sí, sólo 3, una rueca y una palanca al brazo de Lady Shani contra Faby Apache y Un cuatro a las piernas de Jeff Jarret a Fénix, de ahí en fuera,  ninguna otra lucha mostró alguna otra llave. ¿Vuelos? Sí, y hasta para aventar, que de igual manera se aprecian y agradecen pero nada de las bases de forjan un buen luchador.
Puedo asegurar que todos los elementos programados en dicha función tienen una  trayectoria impecable, y es por eso que estan ahí, el por qué no lucharon como saben hacerlo no lo sé.
Otro punto importante que  llamó mi atención fue la emoción de los niños con respecto a las luchas, eso está genial, para que las nuevas generaciones se enamoren del deporte de los costalazos, lo feo, a mi parecer, fue la emoción que tenían en la denominada “Lucha callejera” que lo único que hace es ponerle en primera fila la violencia a los pequeños, sin poder explicarles el por qué eso sigue siendo deporte.
Si de por sí, son pocos los pequeños que entienden que es una actividad que realizan atletas de alto rendimiento (en teoría) y que no lo deben de imitar, imaginen que pasa con los pocos que quedan y que admiran a un luchador que lo más espectacular que hace no es una llave, un vuelo o un castigo, si no que prende fuego a una mesa para ahí castigar a su rival.
Sí fue un gran evento y todos los gladiadores merecen un respeto muy grande por todo lo que hacen.
Triplemania XXVI lo logró, ganó la empresa, pero perdió la lucha libre.

Nos leemos la próxima semana y ¡¡Arriba los rudos!!