Perspectiva

Desarrollo Democrático

La desconfianza crónica que viven las instituciones frente a la descomposición sistémica, perfila una profunda crisis que amenaza las bases de integración social del Estado Democrático de Derecho.

El revés de esta trama es la cara de una democracia en quiebra, donde las oportunidades sociales diluidas, han propiciado desencuentros sociales que revelan una gran fatiga de la sociedad en la democracia.

Para remediar este cisma de desconfianza institucional, se han creado diferentes instancias, organismos, políticas públicas, estructuras y programas, como medidas reactivas para combatir las anomias que causan la corrupción, la impunidad, la desigualdad y la discriminación, que hoy flagelan al tejido social, a las estructuras institucionales, exhiben la disfuncionalidad del sistema y ostentan un creciente burocratismo mecanicista.

Edificar un Estado de confianza social sustentado en una cultura política, demanda políticas públicas enfocadas a construir ciudadanía y a crear en el orden sistémico  estructuras de confianza ciudadana con dimensión transversal de cultura cívica.

Esta es la única forma de lograr que la actuación de la sociedad genere vínculos interpersonales que fortalezcan la edificación de una Nación, entendida (como siempre lo ha sido), por un vínculo socio-histórico, que identifica el componente social, provisto de causas nacionales. Perspectiva cívico-ciudadana que le otorga razón y sentido a las estructuras educativas, culturales, políticas, económicas y sociales.

Un gobierno puede equivocar o no el rumbo, pero cuando actúa al margen de la ciudadanía, deviene una crisis que erosiona el orden sistémico por la verticalidad institucional, producto de un gobierno atrapado, en muchas ocasiones, por un autoritarismo ciego o de élite.

En esta circunstancia, la conducción social queda acéfala debido a la inexistencia de mecanismos de inserción ciudadana suficientes y expresos; situación agravada por la dispersión, inconexión y fragmentación de la acción gubernamental; por un quehacer público ineficaz e ineficiente; y por una ingeniería constitucional que es letra muerta respecto a la corresponsabilidad horizontal de la matriz ciudadanía-gobierno, en los procesos de toma de decisiones participativos y colaborativos.

El mecanicismo imperante, pretende engrosar con diversas estructuras políticas, jurídicas, programáticas y presupuestales, la generación de acciones y prácticas, que respondan a la erosión que vive la ciudadanía frente a la corrupción, impunidad, desigualdad y discriminación.

Empero, tales medidas afianzan la desconfianza institucional, porque crean fronteras entre dependencias públicas, que no alcanzan a dimensionar lo pernicioso de la desconfianza ciudadana en las instituciones, debida a la inconcreción y a la falta de probidad pública en el proceder institucional.

Pongámoslo a la inversa: si existiera confianza ciudadana en las instituciones, por su funcionalidad y probidad, ¿habría la necesidad de crear nuevas estructuras como el Sistema Nacional Anticorrupción o el Sistema Nacional de Transparencia? Evidentemente no. El reto es resolver la precaria funcionalidad y crear estructuras que amplíen el asociativismo entre ciudadanos y gobernantes, que procuren la probidad y recobren la credibilidad y la confianza ciudadana en las instituciones.

Cuando hablamos de inseguridad es que no hay seguridad para los ciudadanos; si existe corrupción, es que no hay probidad, ni gubernamental, ni social; cuando argüimos que existe una pobreza desgarradora, es que la concentración de riqueza es mezquina y absurda; si señalamos que existe impunidad, es que la procuración e impartición de la justicia se ha vuelto sórdida; si existe desigualdad, es que los ciudadanos han sufrido la inconcreción gubernamental y el piso parejo se ha fracturado; cuando hablamos de discriminación, es porque el fascismo y el populismo impiden trazar una sociedad salubre.

¿Hacia dónde debe cambiar el enfoque de las políticas públicas para construir una sociedad de oportunidades?

La respuesta es de sentido común, debemos volver a la construcción de la confianza ciudadana frente a la institucionalidad. No se debe olvidar que el Estado es una construcción humana de la que deviene la ciudadanía, y ésta sólo es efectiva cuando la principal estructura de confianza social, que es la cultura cívica, produce un efecto de transversalidad, no sólo para afianzar los contenidos fundamentales de las acciones gubernamentales, sino para entender y asumir los procesos democráticos.

Carlos González Martínez escribe al respecto que “Frente al vacío y la lejanía del actual régimen y su sistema de representación, lo que necesitamos son acciones específicas e incidentales, muy bien localizadas y exitosas, replicables y con bases en identidades sociales acotadas, en regiones socioeconómicas y culturales medias o pequeñas, que hilvanándose, vayan transformando en la práctica y no sólo en el discurso al régimen político. Democracia de proximidad, cierta y palpable, frente a la democracia de lejanía en la que nos empantanó la transición mexicana

Se trata de que jamás nos sintamos en tierra de extraños o enemigos, sino en una dimensión identitaria, donde la confianza ciudadana se construye por el peso de la horizontalidad corresponsable y el asociativismo, que surge y se nutre de la cocreación de la tarea pública.

Se protege aquello que es propio e inalienable. Si el ciudadano hace suyo y siente suyo al Estado, siempre estará preservado por el tejido social.

El extravío de la democracia a nivel mundial es el fiel reflejo de la incapacidad de traducir la confianza ciudadana en la conducción orgánica del Estado, lapidaria realidad que no implica el destino manifiesto de ninguna Nación.

Recupero aquí las palabras de mi apreciado amigo Leopoldo Rodríguez Murillo, cuando señala que “…el hilo conductor, sólo se tejerá entrelazando la ciudadanía con el poder público. Urge porque la frustración que provocan los insuficientes y estériles intentos de libertad, opaca la inteligencia y engendra criminales soluciones…”

Es urgente hacer de la cultura cívica el máximo referente de las estructuras de confianza ciudadana, porque su presencia valórica hace del ciudadano un ser partícipe de la institucionalidad, que sólo tiene sentido cuando recupera la voz del pueblo, articulando en el ejercicio de gobierno el porvenir que rompe las cadenas del autoritarismo y le da camino al hombre libre.

Agenda

  • El 6º Informe de Gobierno de la Administración Federal del Presidente Enrique Peña Nieto brindó nuevas expectativas dentro de la planeación democrática del Estado, al unirse al proceso de transformación que marcará una significativa reestructuración del país, en la futura administración del Presidente Electo Andrés Manuel López Obrador.
  • El Gobernador del Estado de Hidalgo, Lic. Omar Fayad Meneses, rendirá su 2º Informe de Gobierno en el marco del desarrollo programático, trazado bajo la dinámica de proximidad ciudadana, del que se destaca la vertiginosa inversión nacional y extranjera en una gestión del desarrollo económico que se consolida cotidianamente.

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