Súper héroes reales

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Bajo la máscara

Es bien sabido que el arte del pancracio es un deporte cien por ciento de contacto, es por eso que todos aquellos que suben a un cuadrilátero, previamente requieren años de entrenamiento para desempeñar con exactitud y perfección las llaves, movimientos y evoluciones que como público disfrutamos.
Cada uno de los movimientos que ejecutan los gladiadores dentro del encordado deben ser bien dominados e incluso a pesar de la rigurosa e intensa preparación nadie puede advertir alguna tragedia que termine fatídicamente con la vida de los gladiadores como ha sido el caso de Sangre India (1979), Oro (1993) y el Hijo del Perro Aguayo (2015).
Todos y cada uno de los atletas inmersos en el deporte de las llaves y las contra llaves se preparan continuamente para entregarse por completo al público asistente, sin embargo al final de cada día los costalazos e impactos que observamos les cobran fractura a los estetas.
Lo único que podemos observar cuando los gladiadores suben al cuadrilátero, son los llamativos atuendos y las coloridas mezclas de colores que acompañan las incógnitas de los luchadores, sin embargo como público asistente desconocemos todo aquello que viven detrás de la máscara.
No sabemos cuántas lesiones han sufrido y de cuantas se han recuperado (en ocasiones ya no les es posible recuperarse totalmente) o si es que tienen alguna al momento de subir al cuadrilátero, sin embargo les voy a confesar un secreto, que aprendí de la amistad de muchos de ellos.
No importa cuánto daño traigan consigo en sus cuerpos, cuando los gladiadores se ponen la máscara y su equipo de luchadores, inmediatamente les posee una energía y fuerza extraña, que les dota de una especie de súper poder, la adrenalina se apodera de ellos y es entonces cuando se olvidan de todos sus dolores para convertirse en súper héroes de carne y hueso.
Se convierten en los súper héroes más reales que podemos observar, aquellos en los que vemos reflejado por unos instantes todos nuestros deseos cautivos, el eterno triunfo del bien contra el mal e incluso las artimañas que utiliza el rufián las cuales no podemos ejecutar nosotros en nuestra vida cotidiana.
Es por eso que cada que tengamos la oportunidad de asistir a una función de lucha libre, valoremos el esfuerzo que realizan todos aquellos atletas de alto rendimiento que se juegan la vida en el cuadrilátero, por nosotros el público asistente.
Amemos y respetemos la lucha libre, recordemos que es un deporte y fomentemos la esencia del mismo, asistamos a las arenas, exijamos luchas y luchadores de calidad con la única finalidad de enaltecer a nuestra lucha libre y con ello uno de los deportes que nos representa ante los ojos del mundo.
Nos leemos la próxima semana y ¡¡Arriba los rudos!!