APUNTES SOBRE ZAPATA, DIVERSIDAD SEXUAL, REPRESENTACIÓN E INTERPRETACIÓN

12

Alejandro Á. Huerta

1. El Zapata de Cháirez no es homosexual, es femenino. La homosexualidad se refiere a la atracción afectiva, erótica y sexual hacia las personas del mismo sexo. La feminidad se refiere a una expresión estética corporal caracterizada por la delicadeza, la sofisticación y la sensualidad, entre otros rasgos menos pertinentes de mencionar aquí. Una representación homosexual de Zapata lo mostraría en una relación afectiva, erótica o sexual con otro hombre. La obra de Cháirez lo muestra con un sombrero rosa, una pose sugerente y tacones. Relacionar obligadamente ambas dimensiones identitarias es no bueno ni malo, simplemente equivocado.

2. Si Zapata viviera, ¿en tacones anduviera? Diversos testimonios históricos dibujan Zapatas muy distintos, no por ello irreconciliables: fusilador de homosexuales (entre los que únicamente perdonó a su secretario general Manuel Palafox), ‘hombre tan hombre, pero tan hombre, que se acostaba con otros hombres’, obsesionado con su masculinidad, enamorado de Ignacio de la Torre. ¿Cómo estar seguros?

3. Los productos culturales (digámosle así porque no voy a entrar en la discusión de si es arte) son representaciones de la realidad, re-presentaciones, es decir, una forma de volver a presentar algo que ya se nos había presentado. El título de la exposición es claro: “Emiliano: Zapata después de Zapata”; el de la pintura también: “La revolución”. No son meros retratos del caudillo, sino reinterpretaciones de y posteriores a él. No reflejan la realidad sino cosmovisiones muy particulares.

4. La pintura –quiero decirlo- no me gustó, me resulta burda. Pero –debo decirlo- me parece que sí va más allá de una simple provocación, al menos como quiero verla (lo cual es, nuevamente, una reinterpretación, ahora mía, posiblemente distinta a la de Cháirez): La imagen de Zapata es la del revolucionario mexicano por antonomasia. Concediendo que el caudillo haya sido en verdad el revolucionario que pinta la Historia, ¿sería adecuado imaginarlo ahora apoyando los derechos de la diversidad sexual (no necesariamente desnudo y montado en un caballo erecto)? Así debería ser.

5. Entonces, la pintura es una re-presentación; lo demás es purismo. La misma exposición muestra a un Zapata con mandil, escoba y un detergente (igual de estereotípicamente femenino que la obra que nos ocupa, pero no sexualizado), y a otro caracterizado como Speedy González; incluso una más donde es venerado (¿eróticamente?) por un rubio bigotón desnudo, mientras se mantiene impasible fumando un puro. Ninguna de estas obras es, como la de Cháirez, un retrato de la realidad. Pero con la que decidieron ofenderse algunos fue con la que la muestra afeminado y, por consiguiente, para ellos, gay.

6. Ciertas corrientes hermenéuticas nos empujan a buscar la intención de un autor. En una observación más bien superficial –guste o no, eso es otra cosa-, la representación no me parece denigrante. El autor de la obra se presentó a la inauguración de la exposición con vestido, botas altas, pelo largo, maquillaje y bigote. Asumo que la feminidad (en combinación con la masculinidad) le resulta una característica agradable, quizá admirable, tal vez crítica, y con alguna o algunas de esas ideas la imprimió en el caudillo. La misma pintura sería denigrante si hubiera sido creada por alguien a quien la feminidad le parece denigrante. No es el caso.

7. Zapata es un símbolo nacional, sin duda (no un símbolo patrio, no está violándose ninguna ley al reinterpretar su imagen, como acusan algunos). Precisamente por eso, su imagen (que no es lo mismo que su persona) ha dejado de ser ‘propiedad’ de ‘alguien’ (así sea su familia) para ser apropiada y reapropiada –de distintas maneras- por mucha gente, moviéndose entre la forma simbólica más o menos estable y el excedente (e, incluso, el abuso) de sentido, como ha pasado con cualquier gran personaje. La diferencia entre la visión de Cháirez (y cualquier otro ‘reintérprete’ de Zapata) y la del nieto del caudillo es la que establece Durand entre el icono –que instaura un sentido- y el ídolo –que lo rechaza-.

8. En concreto, el de la pintura –al menos como yo lo veo- no es Zapata, no está afirmándose que el caudillo fuera femenino o gay, ni siquiera que de estar vivo ahora deba serlo, sino que, en tanto símbolo revolucionario, de acuerdo con sus principios, al menos en la sociedad mexicana contemporánea, sí debería manifestar activamente un apoyo a quienes lo son (y hago énfasis en el ‘debería’ porque tampoco es la obra el medio para asegurar que efectivamente lo haría). La pintura, igual que la consigna arriba referida, son formas alegóricas (y sí, para mí burdas) de mostrarlo.

P. D. Si aprueban, incluso festejan, la reapropiación de la imagen de Zapata por parte de personas que viven en un tiempo y lugar diferentes, pero se paran de pestañas cada que alguien se reapropia de elementos de una cultura ajena, sólo porque consideran que ésta necesita de su facebookera protección, no sólo son igual de puristas que la familia del caudillo sino, además, incongruentes.