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Por Beatriz Flores González

A unas cuantas horas de cumplirse un año de la tragedia que marcó a Hidalgo como uno de los estados de México como de los más huachicoleros, se nota el trabajo de los gobernantes, tanto de la federación, como de la entidad, para buscar erradicar esa idea del resto del mundo.

Y marcó a los hidalguenses  (en su mayoría) como punto medular para un cambio de ideología con relación a la provisión de recursos que erradiquen la pobreza, condenando esas acciones como el delito más grave, por el número de muertos alcanzado en una sola ocasión, en la  que celebraban  el tradicional dicho de que “ladrón que roba a ladrón…”.

137 muertos fue el saldo fatídico. 127 hombres y entre ellos 9 menores de edad, 10 mujeres que no alcanzaron a comprender que el objetivo del gobierno federal de no “cubrir la demanda de combustible” por los ajustes que se estaban haciendo para evitar precisamente el robo de gasolinas en los ductos de Pémex, situación que les hizo ir corriendo con sus galones y bidones para abastecer sus unidades de manera gratuita, aunque fuera por poco tiempo, mientras se ajustaba el mandato presidencial, que provocó la “escasez” del tan anhelado tesoro.

Fueron meses de angustia para algunos que no hallaban a su familiar.  El gobierno hizo todo lo necesario para identificar restos irreconocibles y poder entregarlos a la familia, dándoles la tranquilidad de tener un sepulcro digno.   81 personas tuvieron que ser hospitalizadas en 21 nosocomios, 7 de estos en Hidalgo y los otros 14 en Ciudad de México, Estado de México y en Galveston Texas;  68 de ellas murieron estando en tratamiento, por la gravedad de sus quemaduras, solo 13 personas fueron dadas de alta con secuelas graves por quemaduras.

El primero y más grande “accidente”  mortal que ocurrió a poco más de un mes de haber tomado el cargo como presidente de la República el hombre de las promesas de transformación (la 4T), pero que también permitió ver la necesidad de voltear hacia Hidalgo y convencerse de la realidad, de que no todo era miel sobre hojuelas. Que Tlahuelilpan es un municipio muy cercano a la metrópoli, pero con muchas carencias, hasta en lo más mínimo, que son fuentes de ingresos para que las familias no opten por arriesgar su vida en actividades ilícitas como el huachicol.

A un año y como consecuencia de ese accidente mortal, quedaron 194 huérfanos. 175 de ellos perdieron a su padre; de ellos fueron 69 niñas, 70 niños y 36 adolescentes.  Fueron 16 los que perdieron a su madre, 3 niñas, 9 niños y 4 adolescentes.  Los que perdieron a ambos, 1 niña y dos niños.   Y para todos ellos, es el estado el que desde las primeras horas después de ocurrida la tragedia, se ha estado haciendo cargo, desde la atención médica, sicológica y económica de estos desamparados y de sus familias.

¿Qué lección se aprendió después de esta tragedia?

El huachicol no es hacer justicia.  Ladrón que roba a ladrón, tiene su castigo. El haber estado en el lugar y tiempo incorrecto, la ignorancia de creer que jugar con fuego no los alcanzaría, el dosificar y escasear el combustible, no eran las acciones correctas para castigar al gobierno y menos para que éste educara al pueblo.

En la memoria de los tlahuelilpenses quedará grabada esta fecha, en la que las víctimas resultaron ser mártires, pero gracias a este lamentable accidente, se  obtuvo la atención del gobierno estatal y federal. Del estatal porque al ser un municipio gobernado por la oposición con un nulo crecimiento por parte de Juan Pedro Frías Cruz, pudieron haber pasado los cuatro años combatiendo fugas por el robo de combustible en ese territorio minado por los ductos que lo atraviesan, por la falta de capacidad y gestión para transformar al municipio y buscar atraer empresas que generen fuentes de empleo e ingresos decentes para los habitantes. El presupuesto estatal, solo el autorizado por el congreso, también a falta de acuerdos en el ayuntamiento para aprobar sus presupuestos de ingresos y egresos.  Lamentable, pero esta tragedia sirvió para despertar y sacar de la mediocridad a este municipio.

De la federación, se obtuvo la atención inmediata del ejecutivo, a quien hay que reconocer que estuvo presente desde las primeras horas posteriores al siniestro y que, desde entonces, ha estado muy pendiente de lo que ocurre en ese municipio.   La orden de que la seguridad, policía federal, guardia nacional esté presente en la zona, resguardando en lo posible la zona de ductos y evitando en lo posible, vuelva a ocurrir otra tragedia de esa magnitud.

No se han podido erradicar las conductas ilegales de los huachicoleros. Una semana después de la tragedia, muy cerca de lugar, se registró otra fuga. Afortunadamente, sin el saldo catastrófico. Al parecer aún no les caía el 20 a los criminales que lo provocaron. A lo largo del año, en territorio de Tlahuelilpan solo fueron dos fugas, la de la tragedia y una semana posterior.  En territorio de Tetepango, Tlaxcoapan, Mixquiahuala, por la colindancia con el municipio, fueron 15 más.  Durante el 2019 fueron atendidas 17 fugas, incluyendo la de la tragedia.

El gobierno ha invertido en corregir  conductas, ha capacitado a la población para evitar otra tragedia, ojalá se haya aprendido la lección y no se tenga que seguir instituyendo un día de luto, un día de prevención por acciones ya ocurridas.

Por lo pronto, a unas horas de cumplirse un año, los sentimientos no solo de los tlahuelilpenses están a flor de piel, los recuerdos tristes, las esperanzas quizá renovadas para tener un futuro mejor, un gobierno atento a las necesidades y una transformación  verdadera sobre la economía y bienestar del pueblo.

Se espera un evento de conmemoración. Quizá venga el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad Meneses a colocar la primera piedra de lo que será el Memorial, que recuerde esta acción que marcó al pueblo, al estado, al país, como huachicolero, del que insistimos, han trabajado los gobernantes del estado y de la federación y cambiar el rostro.