Ciudadanía y Diseño del IPC para el Desarrollo Institucional

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Perspectiva, Desarrollo Democrático

Insistir en la interdependencia de las variables confianza, legitimidad y credibilidad en el ejercicio de gobierno, es un afán recurrente de la sociedad que presiona y demanda una participación ciudadana corresponsable en la cocreación y toma de decisiones de la tarea pública.

El ascenso de diferentes organizaciones de la sociedad civil, organismos públicos autónomos e instituciones con rostro ciudadano a nivel internacional, es un síntoma inequívoco de que el Gobierno Abierto reorienta la soberanía popular y se construye desde la ciudadanía y con la ciudadanía para dar mejor cauce a las demandas sociales.

Estas coordenadas de persistencia de la sociedad civil, por entronizar la participación ciudadana en la construcción del ejercicio de gobierno, se han topado con una premisa tecnocrática casi ineludible: la verticalidad institucional.

Esta inaceptable circunstancia resulta aplaudida por la tecnocracia, volvió a los ciudadanos clientes de los servicios públicos, condición aceptada por la sociedad; afianzó el distanciamiento de los ciudadanos y aceleró la crisis de representatividad de los partidos políticos como interlocutores y conductores sociales, por su atrofia, su anquilosamiento y su disfuncionalidad política.

La premisa es clara. En este proceso electoral, los partidos políticos, para los ciudadanos, ya no importan. Demostraron que son lo mismo: que no les interesan las demandas ciudadanas y que sólo buscan la preservación de los intereses de una élite política.

Los partidos políticos deben cambiar. Tienen que retomar el papel que les asigna el Contrato Social para ser auténticas entidades de interés público, el proceso electoral les impone hacer de la resignificación de la virtud política que encauce la responsabilidad de un ejercicio de gobierno, con los resultados que demanda la sociedad y el porvenir de la Nación.

En este sentido, Luis Rubio admite: “Esta elección es cada día más clara: se disputan dos mundos, dos perspectivas sobre la vida y el papel del gobierno en el desarrollo y en la vida cotidiana… Se confronta la arrogancia frente a la redención; una gran parte de la ciudadanía simplemente está harta del statu quo: la inseguridad, la arrogancia gubernamental, la corrupción, las promesas incumplidas y el choque entre el discurso político (de todos los partidos y candidatos) y la dura realidad cotidiana.”

Las anomias de la partidocracia y de una democracia incompleta, han debilitado la gobernanza y la gobernabilidad y sometido al Estado a una olla de presión que presagia con reventar y llevarlo a movimientos sociales populistas, fascistas o a dictaduras militares, como ha sucedido en muchos casos en Latinoamérica.

Los partidos políticos deben percatarse que los procesos democráticos han mutado. La sociedad se atomiza, los ciudadanos son maduros y aptos para el poder; el diseño institucional y su ingeniería han caducado ante un sistema clientelista y co-dependiente minando el espíritu de la democracia, la virtud de la política y el devenir de la Nación.

Pero la sociedad se rescata con su inteligencia, presiona e impulsa reestructurar la institucionalidad, para dar cauce a la armonía y solidez que requiere el ejercicio de gobierno, para asegurar el desarrollo humano y poner fin a las trabas del anquilosamiento: la corrupción e impunidad.

Es precisamente en este ámbito de reinstitucionalización donde hoy hablamos de gobierno abierto, de presupuestos participativos, de transparencia y gobierno en público, de rendición de cuentas, pero también de un sentido déficit de participación ciudadana.

En este contexto, la construcción del Instituto de Participación Ciudadana (IPC), como macrosujeto ciudadano, libre, abierto y plural, cuyo asociativismo y horizontalidad garantiza una vertebración orgánica de apoyo al vínculo socio-estatal, impone construir puentes de colaboración en la toma de decisiones entre ciudadanía y gobierno.

Esta tendencia política se afianza en un Estado que revisa la funcionalidad de su operatividad administrativa, piensa para crear y reflexiona lo construido para brindar mayores y mejores oportunidades de desarrollo y seguridad humana.

El Estado no es una camisa de fuerza. Puede (y en los hechos lo hace) reconstituir sus estructuras y hacer de su diseño operativo un intelectual orgánico, pero le hace falta darse un baño de pueblo, conocer con humildad desde las entrañas de la sociedad el dolor, la alegría y la vitalidad del ciudadano, que exigen cambiar las actuales relaciones del Sistema Político y de Gobierno.

¿Cómo se puede construir un Estado sin ciudadanos? ¿Cómo puede existir una política pública al margen de la necesidad social? ¿Cuándo un plan o programa de gobierno tuvo sentido sin la voz del pueblo? ¿Quién puede culpar y quejarse de los ciudadanos por las décadas de promesas incumplidas y el hastío social?

La reingeniería administrativa no es una moda, es una necesidad plena, que admite que el diseño institucional no puede ir a la zaga de la sociedad o sin ella.

La participación ciudadana es consustancial a la tarea pública. Asegurar que el diseño institucional tenga un sentido de corresponsabilidad horizontal y de pleno asociativismo, es brindar una lógica de respeto y colaboración, que afianza el Estado Democrático de Derecho, en un ámbito de Concertación Progresista.

En este contexto, el Instituto de Participación Ciudadana (IPC) regirá como modelo de laboratorio ciudadano, proclive al diseño de estructuras institucionales de corte horizontal, que permitan fortalecer la participación de la sociedad civil como aporte significativo en la toma de decisiones públicas.

Por ende, este macrosujeto de conciencia ciudadana, presenta tres fundamentos indispensables para su diseño en el desarrollo institucional:

1º Organización colaborativa, donde la sociedad civil y el gobierno trascienden en las tareas sociales e institucionales, como una sola fuerza de vertebración orgánica.

2º Ética de la relación cívico-institucional, donde la construcción de ciudadanía solo es posible cuando el tejido social es partícipe del telar público, donde se entrelaza en colaboración solidaria.

3º Inteligencia de la sociedad civil, donde la tarea pública se retroalimenta desde la visión ciudadana y la operatividad tecnocrática se vuelve horizontal, para apoyar un profesionalismo abierto, que fortalece la construcción de la Nación.

La mesa esta puesta, contamos con la fuerza de la ciudadanía y la inteligencia institucional. Ahora sólo falta darle rostro ciudadano al Estado.

Agenda

  • El primer debate entre los candidatos a la Presidencia de la República, independientemente de su desarrollo, es un ejercicio cívico indispensable para conformar el criterio de los ciudadanos que dispondrán de información directa para comparar y decidir el sentido de su voto.
  • El debate consta de cuatro bloques temáticos: 1) Seguridad Pública y Violencia; 2) Combate a la Corrupción e Impunidad; 3) Democracia, Pluralismo y Grupos en Situación de Vulnerabilidad; y 4) Bloque de Cierre (https://repositoriodocumental.ine.mx/xmlui/bitstream/handle/123456789/95764/CGex201804-16-ap-1-a1.PDF)

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