Peña Nieto, ¿parricida?

23

Son muchos los casos, las dimensiones y los niveles en los que se ha manifestado: el escándalo de la casa blanca, los diferentes y masivos desvíos de recursos de secretarías de Estado (como los casos de SEDATU y SEDESOL, cuidadosamente documentados por la ASF), el aún más voluminoso saqueo de las arcas de las entidades federativas a manos de gobernadores priistas (resalta el doloroso caso del Estado de Veracruz), las irregularidades en la contratación de infraestructura (ahora en boga por la discusión acerca del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México), el uso electoral de instituciones federales (como la descarada filtración de un video de Ricardo Anaya en la PGR), sólo por mencionar algunos.

Si la administración saliente tuviera un lema que sintetizara los hechos, más que su aspiración imaginaria de “Mover a México”, sería “Nosotros primero (a costa de ustedes)”.

La inercia de anteponer los intereses, compromisos y aspiraciones particulares de la camarilla de esta administración ha alcanzado niveles inusitados. Y, a juzgar por cómo se va desarrollando el proceso electoral, parece que el gobierno está dispuesto a sacrificar el régimen para  salvar el pellejo de sus miembros (Peña Nieto y su primer círculo).

El gobierno en turno, en su voraz intento de blindarse frente a los juicios de sus crímenes, ha logrado separar sus intereses particulares de los del régimen neoliberal. Peña Nieto, podría decirse, es un potencial parricida, dispuesto a entregar a su padre-régimen a cambio de salvarse a sí mismo.

Jacques Lacan entendía la función paterna –no al papá de carne y hueso– como el mecanismo encargado de otorgar al niño un espacio propio en la realidad social, independiente del de su madre. La función paterna es, cuando menos, triple: separar al niño de la madre, con la que está originalmente alienado; como consecuencia, conceder una existencia propia e independiente al niño como un sujeto de pleno derecho; y establecer la Ley de prohibición del incesto. Para la antropología estructural y el psicoanálisis, la prohibición del incesto es la piedra fundacional sobre la que descansa toda la cultura, entendida como una realidad que permite a los sujetos relacionarse entre sí, con un sentido compartido.

El régimen neoliberal en esto es implacable: sólo es aceptable como proyecto de gobierno aquel que esté dispuesto a respetar su propio tabú del incesto, la ley fundamental de separación (y subordinación) entre el mercado y el poder público. ¿Acaso no es esto un reflejo de la función paterna? ¿No es esa separación del mercado y el poder público una suerte de prohibición que otorga sentido a toda una realidad?

Para Enrique Peña Nieto y sus allegados, Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), representa una amenaza de enjuiciamiento y la posibilidad de terminar entre barrotes. Llama la atención que el desencuentro entre un priista y un panista haya escalado hasta ese nivel, si se considera la afinidad entre sus visiones sobre México, puesto que ambas posturas son defensoras acérrimas del régimen neoliberal.

Te interesa: Los candidatos frente a la corrupción

La inquebrantable determinación de Peña Nieto para frenar a Anaya en un escenario donde el candidato del PRI, José Antonio Meade, se encuentra en un lejano tercer lugar –explicable en buena medida por la reputación de corrupción del gobierno en turno– hace de AMLO el beneficiario final de esta estrategia.

Paradójicamente, AMLO es el único candidato que desafía el régimen imperante. Sin duda, Anaya es el candidato más peligroso para el gobierno de turno, pero AMLO es el único que puede poner en riesgo al régimen. Una y otra vez se ha pronunciado a favor de un Estado dotado de autoridad para tomar cartas en asuntos económicos, como el rescate del campo y de la población indígena que lo habita, la fijación de precios de productos agrícolas estratégicos, la garantía de acceso a la universidad a los jóvenes y el aumento a las pensiones de adultos mayores.

Por tanto, podría decirse que Peña Nieto es un potencial parricida, dispuesto a sacrificar al régimen neoliberal, a ese padre que establece la Ley de separación entre el mercado y el poder público, a cambio de salvarse a sí mismo. Aun cuando en política “las victorias no son para siempre”, beneficiar a AMLO, buscándolo o no, puede poner en riesgo al proyecto neoliberal en México. Este es el nivel que ha alcanzado el actual gobierno, dispuesto a incendiar el anhelo de generaciones enteras de gerentes gubernamentales, con tal de salvar su interés más personal.

www.sapiensbox.com/vivimos-sobre-un-tazo/

Enlazar
Artículo previo¡BÚSCATE UN BUEN AMANTE!
Siguiente ArtículoRADAR POLÍTICO