El olor después del amor (el olor a cu…)

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by Mónica Zúñiga Rivera

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Estimados lectores, esta semana quiero compartir con ustedes algo de lo que creo yo, no hemos hablado (la semana pasada no pude escribirles, tenía mucho trabajo). Me refiero a los olores que quedan luego de que uno tiene un encuentro erótico, amoroso o salvaje (el olor no distingue, para los tres casos es lo mismo, jejeje).

Cuando uno hace el amor, cuando uno tiene sexo, siempre hay olores, hormonas, fluidos que entran en juego. Claro, en una sociedad cada vez más obsesionada por la dizque limpieza, esto quizá no lo noten muchos, pero quienes observamos y somos sensibles a los detalles del eros, sabemos que  cada cuerpo tiene un olor particular. Evidentemente, no hablo de cremas caras, ni de perfumitos de Victoria´s Secret ni nada de eso. Oler rico es una cosa importante, desde luego, pero yo hablo del sudor de ciertos maes, del perfume de sus axilas, del olor que deja la saliva, en resumen, de lo que se mezcla cuando se juntan los cuerpos. Si se trata de una mujer, nada como la cabellera y ese olor que destila cuando se quita la cola y comienza el juego. O el olor de su vulvita… ahhh, el olor de los cuerpos. Es adorable.

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A veces, luego de haber chupado, tocado, manoseado, penetrado, los cuerpos quedan marcados a tal punto que uno no quiere ni bañarse…es tan rico el olor que se ha quedado en la piel que uno quiere dejárselo todo el día. ¿Puercos o puercas? Seeeee. ¿Por qué no? La raza es puerca, como diría Mariestela, el personaje principal de la novela costarricense María la noche. Dejarse el olor en la piel por unas horas es una delicia, pueden probarlo quienes no lo hayan hecho.

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Ahora bien, hay que reconocer que detrás de esos olores están varios factores: la química por un lado, y el afecto o el amor, por otro. Si hablamos de química, creo que ahí es donde la chancha dobla el rabo porque, efectivamente, no se tiene el mismo “mood” con toda la gente. El tema del amor o la atracción madurada entra también en esta ecuación porque no se desea igual al mae que uno viene midiendo de meses que el polvo de una noche…a veces eso cambia, pero generalmente, el cuerpo deseado atrae más que lo incógnito que sale en una noche determinada.

Además, podemos decir que hay maes que no huelen mal, simplemente su olor es tan fuerte que termina empalagándonos…y a veces, dependiendo del perfume que usen, no sia lolo, nos ahogan. Incluso, al final no sabemos si son ellos o su perfume el que nos quita la paz. Una compa un día me contó que se acostaba con un chavalo muy guapo y muy buena nota, pero el olor de él era tan fuerte que tuvo que dejarlo…lástima, era un buen tipo.

Luego de un encuentro deseado, maquinado, el olor y los recuerdos son lo que queda. Más allá de lo que diga el manual de aseo, es muy rico mantener el olor, incluso en las sábanas…conozco chavalos que hasta guardan durante meses el hilito o la tanga de su amante, con tal de estar pegados al olor y a los flujos de esa persona… Y no hablo solo del fetiche (como sucede en Japón en donde hay máquinas que expiden calzones usados y uno paga por ello) no, hablo del recuerdo, de atizar el fuego de lo que fue, de volverse a masturbar con las imágenes de lo que se hizo…

Es una maravilla esto del encuentro erótico…no termina de sorprendernos. Incluso, hasta se puede decir que hay cuerpos que saben a tal o cual cosa…puede ser que el semen tenga sabor dulce, salado, que los testículos sepan a miel (eso, les aseguro es como el cielo) que las tetas sepan a pan, que la espalda huela a flores…hay maes cuyo aliento es delicioso, hay sudor de axilas que transporta al cielo o lo que diantres sea eso.

Los cuerpos huelen diferente, saben diferente y son diversos en todos los sentidos. No quise decirlo antes por no caer en lo vulgar , pero en definitiva y puesto que estamos entre gente adulta y la verdad, hablo sin tapujos, es el olor a culito el que debemos o intentamos atesorar…en dos platos, eso es. El olor a culito, sí señor…El olor de lo que fue, el sudor en la piel, el semen en el pecho, en los hombros, todo eso es el encuentro erótico. Uno de nuestros lectores dijo que ya se había perdido el “arte de hacer el amor” y creo que tiene un poco de razón en el sentido de que, efectivamente, entre tanto discurso de limpieza, de condones, de baños, de cremas, de perfumes a la última moda, hemos olvidado lo esencial: el olor de una vulva fresca, las axilas de un hombre sencillo…Eso, en definitiva, es lo que nos diferencia, pero parece que la tendencia es más bien estandarizar: estandarizar tetas, pectorales, dientes, etc. Ufff qué aburrido…mejor, el olor a culito, el perfume de una cabellera abundante, el recuerdo de las pieles sudorosas y por supuesto, una sábana con manchitas en lugar de una totalmente limpia.

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